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La primera y más vieja de las cuestiones, qué es las arquitectura, y que a priori así lo está si nos atenemos a la RAE (y más aún en la LOE), la define y acota como el “arte de proyectar y construir edificios”. Hoy esta descripción se antoja escasa pero hasta no hace mucho tiempo era casi el campo1 en que se movían los arquitectos, incluso podríamos hasta fijar una fecha aproximada, 2008.

Hace unos días recibía un correo de esta casa, el BlogFQ, en las que nos anunciaban una serie de cambios y, que se preparaban para una nueva etapa, y uno que es un adicto a los comienzos está expectante ante estos nuevos y futuros cambios que a buen seguro reforzarán la labor marcada por la Fundación desde sus orígenes, en el año 2014.

La reaparición del “teletrabajo” y de la “flexibilidad” laboral son solo algunas de las nuevas, o no tan nuevas, medidas que han (re)surgido durante estos dos últimos años de pandemia por el COVID19 y que se han impuesto de forma brusca en algunos casos, sin embargo en otros simplemente se agudizaron.

Una de las virtudes que posee la red, es que puedes compartir tus reflexiones o abrir debates dentro de tu propio espacio, para que la comunidad pueda conversar y dialogar. Dentro de este modo entender la red, el espacio de stepienybarno siempre propone debates interesantes y complejos como en esta ocasión, “el mundo de la investigación en arquitectura, preguntas y respuestas”. El planteamiento inicial es poner sobre la mesa diversas cuestiones que van desde el proceso de doctorado hasta las revistas científicas de arquitectura, pasando por los métodos de investigación. Este debate ha generado en la comunidad respuestas diversas, pero de entre todas destacamos la de Manuel Saga. 1

Este cambio de paradigma en el modo e hacer ciencia, quizás puede ser revolucionario1 pero se trata de recuperar y dar un paso más en la esencia primigenia de la misma, abogando por la supresión de las barreras existente al acceso a esta. Este acceso atañe a todas las etapas o fases de la propia investigación científica (diseño, recolección de datos, revisión, publicación, etc.), como así se recoge en la Iniciativa de Budapest para el Acceso Abierto (febrero 2002) y en la Declaración de Berlín sobre el Acceso Abierto al Conocimiento en Ciencias y Humanidades (octubre 2003).

Otro punto importante dentro de las mismas ya que son los requisitos y condiciones que estas establecen para poder participar, además deben ser públicas y de fácil acceso. Tienen por tanto una doble misión, por un lado pautar las reglas del juego, y por otro marcar la temática y la estructura de la propia revista. Este conjunto de normas es capital para el futuro de la revista y conviene definirlas desde su inicio, puesto que es una de las secciones en las que las organizaciones evaluadoras, calificadoras e indizadoras1 hacen mayor hincapié.

Érase una vez… La irrupción de internet ha conllevado ciertos cambios, estos no solo afectan a un solo ámbito de los medios, sino también a la forma de relacionarnos y comunicarnos interna y externamente. Estos avances tecnológicos tienen la virtud principalmente de acortar las “distancias” permitiéndonos organizar y conectar en tiempo real dentro de la comunidad.

Érase una vez… La irrupción de internet supuso la digitalización de las revistas académicas, aunque muchas conserven el soporte físico. Ese salto tecnológico generó la necesidad de crear nuevas herramientas que ayudasen a volcar las viejas revistas en la www, y también a gestionar las nuevas publicaciones que nacían. Un nuevo horizonte de posibilidades y necesidades de creación, publicación y difusión de la información científica y académica comenzaba así a principios de los 90s.

Tras el primer episodio piloto de Érase una vez… donde nos acercamos de forma escueta al mundo de las revistas académicas, y en particular a las revistas científicas, ya se intuían los cambios producidos por la aparición de la red. En sus inicios simplemente se realizó una transposición del modelo físico a la www pasando a denominarse «revista electrónica», término que con el paso del tiempo ha pasado a describirse como «revista digital», pero la realidad es que en la práctica hoy en día estos términos son sinónimos.1

Érase una vez… fue un clásico de la televisión que hizo que el público infantil a través de sus personajes (Flor, Pedro, Maestro,etc.) se enganchase a la “historia” a través de dibujos animados que aunaban el entretenimiento con la divulgación basada en datos con rigor histórico y científico.

Hace 10 años que utilizo las redes, o al menos así lo indica la más antigua que uso. Una década, casi nada, algo que surgió como una nueva forma de compartir las vivencias del día a día entre los universitarios americanos, se ha convertido en una de las herramientas 1 de comunicación con más usuarios.2

Ya hemos sobrepasado julio, ha transcurrido más de la mitad del año, el ecuador, un tiempo que coincide con la época estival (verano, o algo similar, en esta parte del hemisferio). Un momento propicio para realizar un alto en el camino y tomarse un tiempo propio para reflexionar.

A veces pequeños sucesos, invitan a la reflexión como unos extraños que coinciden por casualidad en el mismo tren. Y eso es lo que ocurrió hacer unos días (o semanas ya), y es que navegando por twitter 1 , me encontré con el siguiente texto de Javier Aznar donde compartía un extracto de su columna semanal en Vanity Fair, y que se titula Cosas que me han feliz esta semana.



Estos días de vuelta al cole son propicios para ponerse al día en diferentes aspectos, en definitiva intentar liberar las listas1 de tareas que hemos acumulado a lo largo de los meses. Para ello, emplearemos algunos de los diferentes medios que tenemos a nuestro alcance hoy en día (bien sea en papel u on line).

La historia de la arquitectura constituye una fuente inagotable de recursos para que cualquier arquitecto pueda emplear y tomar como referencia para fundamentar, con mayor o menor acierto sus acciones proyectuales (incluso sus investigaciones). Así, ningún profesional parte de cero a la hora de proyectar y obligadamente se apoya en la experiencia, tanto en su experiencia propia como en todos aquellos que le precedieron (o de los que le son coetáneos) y somete esa experiencia a un análisis crítico adecuado a sus condicionantes.


El domingo 15 de octubre de 2017 quedará marcado en la memoria de todos los gallegos1 y se unirá a esa lista negra de catástrofes2 medioambientales. Una lista corta pero cuya magnitud no puede dejar indiferente a nadie que tenga un mínimo de humanidad; si las imágenes ya eran duras ese infausto día, las posteriores no lo son menos.


Hace unas semanas nos despertábamos con una triste y desalentadora noticia, el derribo de la casa Guzmán, una obra maestra de la arquitectura contemporánea española ubicada en Algete (Madrid) del arquitecto pontevedrés Alejandro de la Sota, galardonado en 1973 con el Premio Nacional de Arquitectura.

Hace unas semanas que finalizó el V Foro Arquia Próxima 2016 bajo el lema “Futuro Imperfecto”, cuyo objetivo era “iniciar una reflexión que permita encarar la profesión con resistencia y sin melancolía”. A tenor del nivel y calidad de las 24 obras seleccionadas de entre más de 700 presentadas, puede decirse que sí se ha cumplido y se ha radiografiado buena parte de una generación formada hace 10 años.

El 7 de octubre 1959 la nave espacial soviética Luna 3 transmitió a la Tierra las primeras imágenes del lado oscuro de la Luna. Los científicos la denominaban así, no porque la luz del sol no bañase esa cara, sino por el mero hecho de ¡no conocerla!
Extrapolemos esta pequeña historia al momento actual que la arquitectura está viviendo, para ello qué mejor manera que preguntando a los usuarios finales.

El 3 Septiembre de 1967 en Suecia tuvo lugar el denominado Dagen H (Día H). La h proviene de Högertrafikomläggningen, que literalmente significa “el cambio de circulación del tráfico a la derecha”. A pesar de lo que a priori puede parecer, no fue un cambio dramático -se preparó durante cuatro años-; pero sí importante, ya que afectaba a la totalidad de un país y fruto de la maduración tras 40 años de rechazo recogido en los referéndums realizados.

Viajar no es solo “trasladarse de un lugar a otro, generalmente distante, por cualquier medio de locomoción” como nos indica la RAE. Viajar es reconocer, repensar, experimentar… en definitiva un método de conocimiento más.
Así lo dejaron por escrito los grandes (y no tan grandes) arquitectos a lo largo de la historia; cada uno con sus inquietudes viajan despacio y atentos a todo, posando sus miradas hasta en el más nimio detalle, material o inmaterial.


Hace unas semanas, camino de la estación de bus en un día gris leía el artículo de Brijuni arquitectos, Nostalgía. En él reflexionaban, entre otros temas, sobre las formas y el placer de viajar, una temática y título muy apropiado para las horas que vendrían a continuación.
Una vez sentado en mi asiento, por suerte, pude disfrutar de una cierta tranquilidad y, así, reflexionar sobre lo leído. Este artículo me llevó a realizar un ejercicio análogo de introspección personal; una labor saludable y que conviene realizar de cuando en cuando.

Tras muchos meses de rumores y de filtraciones el pasado 22 de julio de 2014 (y no en 2013 cuando en teoría tenían pensado oficializarla, debido a diferencias entre los ministerios de Industria, Economía y Cultura) la Comisión de Cultura del Congreso aprobó con 22 votos a favor, y 20 en contra el texto del anteproyecto de reforma de la Ley de Propiedad Intelectual, la cual algunos expertos han calificado como ley más infame de la historia 1.

Aunque la partida comenzó, aparentemente en diciembre 20121, son muchos los movimientos que desde entonces se han realizado en contra la Ley de Servicios Profesionales. Quizás si éstos estuviesen apoyados por los grandes maestros de la actualidad hubiesen sido más efectivos, aunque leídas las posturas de algunos de ellos2, mejor no pedírselas.

Producción: Fundación Juana de Vega
Dirección y guión: lasonceymedia y veredes
Dirección de fotografía: Carlos Álvarez
Montaje: Marcos Flórez
Voz: Natalia Rodríguez Winchurch
Música: Kevin Macleod
Storyboard: Borja López Cotelo