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La arquitectura no tiene la capacidad por sí misma de ser sostenible. Hay factores diversos en las escalas urbana y territorial que condicionan las posibilidades reales de reducir el impacto ambiental a nivel de edificio, y por tanto ofrecer un estilo de vida saludable y sostenible a sus habitantes en la era postindustrial.

En nuestro último post nos aventuramos a afirmar que existe una tendencia actual reversa según la cual el mundo rural comienza a invadir el reino del cemento. Tal y como interpretamos nuestra misión como arquitectos en la década de los 2020, una de las cuestiones fundamentales que debemos atender y promover activamente es facilitar la reconexión de los habitantes de las ciudades con la tierra, y en consecuencia ofrecer soluciones de permeabilización del suelo urbano. Sous les pavés, la plage!

Vayámonos al pasado, y observemos cómo veíamos el futuro. Encontramos las típicas imágenes de la ciencia ficción: metrópolis infinitas, vehículos voladores, robots por doquier, contaminación, hipercontrol, hiperactividad, caos, exclusión, pobreza… Ciudades industrializadas y tecnificadas, antiadherentes como el teflón a cualquier brizna de naturaleza, donde el abismo de la desigualdad no ha hecho sino agudizarse.

El pasado 24 de noviembre participé en la I Jornada de debates PECA!, mesa de “Lo medioambiental”, junto a compañer@s de la talla de Miriam García, Esther Higueras, Patrizia Laplana, Inés Leal, Francisco Leiva, Justo Orgaz, Cristina del Pozo, Verónica Sánchez y José María Torres Nadal, y en representación de la Asociación Sostenibilidad y Arquitectura (ASA). Sucedieron otras tres intensas jornadas previas a la redacción de la nueva Ley de Arquitectura, en lo que ha sido un evento participativo y abierto sin precedentes en la historia de nuestro país. Con PECA! estamos construyendo un nuevo futuro en el que el cambio sí es posible.

El pasado 13 de junio del 2019 tuvimos la oportunidad de participar en la presentación en Roca Gallery Madrid del nuevo libro (acceder) de Stepienybarno (Agnieszka Stepien y Lorenzo Barnó), “Eficiencia y productividad en arquitectura”, publicado conjuntamente por las editoriales Fundación Arquia y Catarata. Junto a Gerardo García-Ventosa y Pacho Camino, Eva Chacón intervino en el debate respondiendo a la pregunta cuáles son las líneas maestras en las que se basa nuestro día a día para ser más productivos. A continuación, exponemos brevemente cuál fue su respuesta.


Como arquitectos especializados en el mundo de la sostenibilidad, habitualmente asesoramos a distintos perfiles de promotores a la hora de valorar la oportunidad y viabilidad de implementar un certificado que ponga de relevancia el carácter más o menos sostenible de sus promociones.
En este contexto, acostumbro a poner sobre la mesa las razones más oportunas según el caso por las que los tres principales actores en la puesta en marcha y comercialización de un edificio pueden verse beneficiados por una garantía fiable que certifique este aspecto de la arquitectura de forma objetiva (como puede ser un sello de sostenibilidad como Breeam, Leed, Well o Verde). Y evidentemente ninguno de estos tres protagonistas de la escena inmobiliaria es el arquitecto proyectista o el director de la obra, sino que son las figuras del Promotor, el Propietario y el Inquilino.


Hace unas semanas tuvimos el privilegio de participar en las sesiones de debate del III Congreso Nacional sobre el Futuro del Arquitecto, en la Escuela de Granada. Allí saludamos personalmente a Jordi Ludevid, que intervenía con una ponencia titulada ‘Un relato profesional para los Arquitectos”, de gran interés por su amplia visión de la realidad profesional.

“La ville moderne doit exprimer notre societé contemporaine, montrer et donner une culture urbaine. La vie urbaine est multiple, c’est une des valeurs fondamentales de la ville. La culture est dans la vie quotidienne et non soleument au musée…” Pierre Renaudie, Atelier de Montrouge, 1958. 1
Lo confieso desde ya: me duele el devenir de Robin Hood Gardens (RHG). Aún no sé si reír o llorar ante su reciente inclusión como objeto de exposición en la Biennalle. Inocentemente creí que el movimiento en contra de su demolición que se promovió desde la C20, concurso de ideas incluido, y con el apoyo de numerosas entidades, personalidades y colectivos como Building Design o Transition Project conseguiría mover la balanza a favor.


Desde hace ya varios años este tópico – Horizonte 2020 – forma parte habitual de nuestras conversaciones dentro y fuera del Estudio. Y todavía hoy – a finales de 2017- nos parece increíble constatar lo ‘verde’ que está nuestra sociedad en relación a los retos que nos esperan en materia de sostenibilidad y eficiencia energética a la vuelta de la esquina…

Resulta estimulante escuchar las últimas entrevistas que Luis Fernández-Galiano ha hecho, dentro de la serie ‘Arquia/Maestros’ a Antonio Vázquez de Castro, Antonio Lamela o Federico Correa. Para mí, que sumo este año veinticinco años de ejercicio profesional, sus palabras evocan ecos de un tiempo lejano, asociado a sensaciones de la Escuela de Arquitectura… un tiempo donde la emoción de enfrentarse al proyecto arquitectónico estaba exenta de consideraciones como presupuesto, honorarios, o trámites ante administraciones de todo género y especie. Aspectos todos ellos necesarios y constitutivos del éxito del propio proyecto. La verdad es que hay cuestiones que forman parte del ADN fundamental de lo que podemos entender como ‘ser arquitecto’, que están ahí y nos permiten reconocernos como colectivo, y la verdad es que reconforta reencontrarse, a través de la experiencia de veteranos arquitectos, con esa visión de los temas fundamentales que nos unen en torno a los grandes invariantes de la Arquitectura.


Inmersos en una sociedad que parece haber olvidado la función social que, por nuestra formación específica, estamos destinados a desempeñar, a los arquitectos nos toca reinventarnos, o morir. En un reciente post, Stepienybarno desglosaba nada menos que 100 salidas profesionales que hoy en día son una realidad en España, algunas de ellas aparentemente muy periféricas. La exploración de territorios más allá de los límites tradicionales de la profesión ha amplificado el concepto mismo de lo que es ser arquitecto hoy en día.

Decía Antonio Muñoz Molina en una entrevista radiofónica hace algunos años que “España se está volviendo fea”, en referencia al legado arquitectónico y urbanístico acumulado desde los años del desarrollismo. Y es bien cierto que, en los últimos cincuenta años hemos asistido a la devaluación de la escena urbana, y de la calidad ambiental de espacios abiertos y entornos paisajísticos tanto costeros como de interior. Aunque parezca increíble, durante largos años de desarrollo atropellado no ha habido arquitectos en muchos pequeños municipios. Y aún ahora no los hay.