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En una disciplina, tan de síntesis, informada por numerosísimos inputs entre los que debemos seleccionar aquellos grados de satisfacción que pretendemos obtener de un conjunto selectivo de ellos, no resulta fácil alcanzar un equilibrio sereno y natural cuando el objetivo del concurso viene activado con desafíos motivantes.
En nuestro caso hemos considerado asuntos prioritarios, de una parte, aquellos que constituyen el motivo específico de la consulta: la conquista de un gasto energético, casi nulo, para el conjunto edificado y una demanda de flexibilidad para la tipología organizativa de las viviendas valorable en términos de compatibilidad espacio temporal eficaz tanto para una unidad familiar estándar, su crecimiento y desarrollo en el tiempo, como para la propia convivencia y yuxtaposición de actividades en la unidad vecinal.
De otra parte hemos considerado con el mismo rango de importancia nuestra forma de entender la arquitectura como acto único e infragmentable que no ha de ser investida con pertenencias concretas a cuestiones de mayor o menor actualidad, incluso cuando estas sean prueba de virtud a alcanzar por los concursantes. En este sentido nuestra manera de entender la vivienda colectiva en un entorno de naturaleza urbana consolidado por manzanas de ensanche tiene mucho que ver con la voluntad de ejemplaridad en el establecimiento de un lenguaje propio de ciudad con carácter atemporal.
La implantación de la edificación se realiza interponiendo un volumen sólido entre la alineación a calle y una paralela a la interior al que se sustraen dos fragmentos, en planta baja, al objeto de propiciar accesos y establecer relaciones perceptivas con el entorno.
El tipo de vivienda se concibe como “pasante” al objeto de disfrutar de doble orientación y obviar la necesidad del uso de patios de iluminación o ventilación.
La estrategia energética pasiva se basa en una fachada sur realizada mediante terrazas invernadero y una fachada a norte con un alto grado de aislamiento.
De acuerdo con la orientación de la edificación disponemos el programa diurno hacia el patio interior en el que se interpone, a modo de espacio diafragmático, una terraza cuya manipulación por los residentes ofrecerá el control de iluminación, ventilación, soleamiento y clima pasivizado deseados. La doble piel de acristalamiento móvil, el sombreado a control remoto y la humectación de los arriates constituyen los elementos básicos además de los sistemas de aislamiento constituyen el sistema de ajuste climático.
La vivienda estará dotada de un programa rector formado por el salón y la cocina junto a la terraza interactiva, como programa social común, además del vestidor el baño y dormitorio principal, como programa privado. Este núcleo, en todos los tipos, será funcionalmente aislable del resto del programa de la vivienda teniendo sólo en común la puerta de acceso y el hall de entrada.
El programa complementario estará compuesto por estancias y baños que se podrán destinar al uso familiar, habitaciones de hijos, despacho personal, lugar de trabajo, negocio….etc. También se podrá disponer de él con objetivos solidarios, económicos, estratégicos o de necesidad como el alberge de cuidadores en caso de enfermedad o senectud.

La arquitectura puede convertirse a veces en un instrumento de representación. Asignar una manera de habitar a una forma construida nos hace hablar de tipologías. Hacer un centro de innovación y promoción del cerdo ibérico nos empuja a una interesante búsqueda: recuperar los orígenes, viajar en el tiempo y las tradiciones. Buscar en las arquitecturas del cerdo, desde la majada hasta la bodega, desde el alumbramiento del lechón hasta la maduración del Jamón, como esos dos paréntesis entre los cuales discurre la vida y crianza del cerdo. Dos tipologías lejanas en tiempo y forma que acotan el enigmático y atractivo mundo del cerdo ibérico y que han sido una de las claves del proyecto.
El Tiro a Pichón no es un edificio aislado sino un complejo de edificios construidos en tres fases. La primera de ellas a principios del siglo XX., y a la cual se debe su nombre. Ésta corresponde al edificio atribuible al arquitecto Aníbal González. Uno de los primeros usos del edificio “El Tiro” (como es popularmente conocido) fue de palacio de recreo, donde la nobleza disfrutaba tirando al pichón. La segunda fase se construyó entre 1936 y 1941, y la tercera y última fase fue construida en los años 50.
La primera decisión de proyecto es respetar el edificio del Tiro al Pichón y su presencia originaria sobre la plaza. En planta baja se sitúa en punto central de información turística de “La Ruta del Jamón” así como áreas expositivas. La planta 1º acoge la “Sede del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Jabugo”. La planta 2º se reserva para un espacio co-working de empresas relacionadas con el sector. El núcleo de comunicaciones situado en el ala sur conecta directamente con la planta sótano donde se encontramos la Nueva Bodega, un espacio multiuso de relación entre el curado de jamones, la investigación y la cocina.
El resto del proyecto se estructura a partir de la implantación de tres construcciones aisladas a las que denominados “majadas”. Dentro de cada una de ellas encontramos una pieza construida (a) y una zona libre (b) que mira hacia la plaza central.
La primera majada se ubicada junto al edificio del Tiro a Pichón. Su función la de hall y distribuidor entre el edificio colonial y el edificio del Tiro. En su interior encontramos una caja a modo de vitrina expositora de jamones que conecta con la bodega.
La segunda majada se ubica en la zona norte de la plaza, la cual necesita volver a ser ese lugar multiuso donde el pueblo de Jabugo realizaba multitud de actividades. Es la más pequeña de las tres y su función es de cafetería.
La tercera majada se ubica sobre la antigua piscina. Aprovecha la geometría inclinada del vaso para colocar una grada y hacer de ella un salón de actos-auditorio. Esta majada asume el uso exclusivo de formación, congresos, conferencias, proyecciones, lecturas y presentación de productos a los medios.

La tradición en el mundo moderno es el leitmotiv del trabajo desarrollado en este proyecto. El patio de la cerámica debe su nombre a la tradicional feria de artesanía cerámica de los artesanos locales. Esta tradición hoy es sólo un recuerdo. A través de este proyecto queremos devolverle la vida a este valioso patrimonio para la región y la ciudad.
La composición del edificio se debe a la urbanización de la zona centro. Siguiendo la alineación de las calles de los alrededores obtenemos un edificio con una forma compacta, que se corta desde el exterior con líneas nítidas pero no en el interior, por lo tanto, el pleno respeto de El Patio de la cerámica, y un gran nuevo espacio público "en el corazón" del edificio propuesto. Este nuevo Courtyard llamado "El patio de la cerámica" tiene una forma redondeada y un corte cónico que se opone a la geometría externa de las calles. Este patio surgido de un “torno alfarero" busca conexiones con el mundo de la tradición artesanal, proporcionando buenas funciones de ventilación y de iluminación.
El proceso de creación de la cerámica influyó en la decisión de la forma del edificio en el exterior y el interior gracias a la posibilidad de cortar, tallar y moldear en el torno de alfarero la pieza. Así surgió la idea del trabajo con la arcilla. Buscamos un edificio tallado en el suelo con una gran sorpresa en su interior.
El patio de la cerámica se considera un lugar público. Será totalmente peatonal y directamente comunicado con el Mercado Viejo. Teniendo en cuenta el flujo de personas de la Plaza del Mercado, la entrada principal de dicho patio está diseñado como una poderosa puerta abierta, invitando a transeúntes a entrar.
El edificio propuesto tiene siete plantas sobre rasante y tres bajo ella. Su programa consiste en áreas comerciales en sótano y planta baja, hotel a lo largo de los tres primeros pisos y viviendas y club social con un restaurante para el resto de ellos.

El proyecto se ha concebido como un sistema de bandejas que concentran en su parte central las viviendas y en su perímetro un conjunto de terrazas, abriendo el edificio y las viviendas hacia el Distrito de San Isidro, la ciudad de Lima y el Océano Pacífico.
ESTRATEGIAS
El análisis de las restricciones programáticas, los condicionantes urbanísticos y de servidumbre presentados como punto de partida y el clima templado de la ciudad de Lima nos llevan a definir unas estrategias muy claras para el desarrollo de la intervención.
La primera estrategia parte de la idea de optimizar al máximo el volumen permitido por la normativa vigente mediante el apilamiento de viviendas que, ajustándose al perfil inclinado, nos permite desarrollar un proyecto con 77 viviendas, 3 más de las exigidas.
La decisión de ocupar todo el volumen manteniendo el perfil inclinado nos permite liberar espacio en todo su perímetro mediante el tallado de sus caras, dando más riqueza y complejidad urbana al edificio.
Este volumen tallado se traduce en un sistema de bandejas de hormigón que dotan a todas sus viviendas de grandes terrazas en cada una de sus dependencias. Estas terrazas rodean todo el edificio y sirven de filtro y protector solar. El clima y las vistas hacen de estas terrazas espacios privilegiados donde disfrutar del acto de la vida. La disposición horizontal de las bandejas aligeran el volumen y llenan de actividad y dinamismo a la fachada que en su cara sur, generará gracias a su plano inclinado unas vistas privilegiadas al Océano Pacífico.
Los usos se estratifican de un modo horizontal, situándose en planta baja las zonas comunes (piscina, sala multiuso y gimnasio) para disfrutar de las zonas ajardinadas adyacentes y sobre estas todas las viviendas. El núcleo de ascensores y escaleras presurizadas se ubica en la parte de la edificación que registra todas las plantas.
Las viviendas se organizan verticalmente por tamaño, generándose columnas de viviendas de 400 m2, 250 m2 y 150 m2.

El poblado de Sancti Petri debe su importancia al pasado atunero y sus gentes del mar. La intervención pretende devolver el sentido a la península reinterpretando los valores arquitectónicos y espaciales del pasado, perdidos en la actualidad.
La arquitectura de lo industrial, las naves blancas, de cubiertas inclinadas, de hastiales secuenciados repetidos en el espacio inspiran el nuevo diseño.
Este tipo de arquitectura se basaba en un crecimiento mediante la adición de módulos tipológicos muy básicos creando así manzanas. Esta forma de entender el planeamiento como la suma de piezas unitarias es la base teórica y conceptual de nuestra propuesta.
Este "nuevo poblado" se divide en 13 conjuntos compactos de usos tematizados. Estos conjuntos se relacionan con el entorno a través de su perímetro abierto, y consigo mismo gracias a sus "calles y plazas". Su escala es la propia de un poblado, más compleja y al resguardo del viento de levante y poniente. Hacia fuera, sus fachadas blancas y masivas generan un entorno que nos resulta familiar. Hacia dentro, los edificios se envuelven de celosías verticales de madera de pino tanalizado creando una relación histórica y cultural con la tradición de los carpinteros de ribera y la construcción de barcos de madera.
Como elemento conector entre todas las piezas, y como nuevo valor de la península, introducimos un nuevo "bosque" de pinos (pinus pinea) replantados que recorre la península de sur a norte generando un nuevo paisaje.
Partimos de un módulo, una unidad de uso mínima de 78 metros cuadrados que, combinada entre sí, forma los conjuntos de nuestra propuesta. La estructura metálica de este módulo y sus proporciones lo hacen prefabricable y seriable de forma que el coste de su ejecución será sensiblemente inferior al de cualquier construcción convencional.
Para la creación de los conjuntos se diseñan dos módulos, uno genérico (cubierta a dos aguas) y otro "de borde" que construye el perímetro de los conjuntos.

Piezas de madera de colores apiladas formando castillos, casas, ciudades, puentes, carreteras… primeras arquitecturas espontáneas donde los niños comienzan a entender la gravedad e imaginan por primera vez espacios en escala.
Nuestra propuesta de guardería no es más que pequeña factoría, con estructura de fábrica con grandes espacios donde distintas partes del proceso de producción ocurren unas junto a otras.
Cubierta en diente de sierra, buscando la mejor iluminación natural para el bienestar de sus usuarios y evitando un gasto de luz innecesario. Es un edificio compacto que se proyecta sobre el paisaje
El proyecto se compone de tres módulos longitudinales y otros dos transversales.
Los módulos longitudinales formalizan los lucernarios y estructura las tres aulas. Mientras que los módulos transversales son piezas bajas que acogen los usos secundarios como administración, cocinas y aseo por un lado, y almacenes, cambiadores y zonas de dormir en el otro.
En esta intersección de módulos aparecen miradas cruzadas a través de cajas de vidrio que a su vez reflejan el paisaje y crean un espacio interior sin limites aparentes.

El proyecto estructura el local en dos partes diferenciadas, una zona privada y otra zona pública. En la zona privada se ubica la cocina y la barra. La zona pública se divide en tres partes, una zona de mesas altas junto a la medianera, una zona de barra junto a la fachada lateral a modo de biombo de madera de pino y cuerdas tensadas y un pasillo central de conexión entre la entrada y la barra. Los huecos de la fachada son sencillos y se materializan mediante un marco de acero pintado en negro. La fachada de ladrillo se pinta en color negro.

La ciudad de Guiyang nace como cruce de caminos de dos importantes rutas comerciales de China. Fruto de esta posición se ha convertido en una metrópolis con una industria siderúrgica muy importante.
El área donde se localiza la propuesta se corresponde con un antiguo polo industrial de la ciudad, y la propuesta, no ajena a esta situación, busca generar una atmosfera que recuerde este pasado trabajando con un los materiales que dicha industria producía, reflejando su sinceridad.
El proyecto, con una superficie de 14000 m2, albergará en una primera fase un hotel, centro comercial y oficinas de ventas para para una promoción inmobiliaria que se desarrollará en los terrenos edificables aledaños al solar. El edificio, si bien en esta etapa inicial se diseña como un elemento aislado, en una segunda fase se encontrará formando parte de una manzana edificada por tres torres de viviendas y una de oficinas, con alturas comprendidas entre los 150 y 170 m. Una vez concluido el periodo de ventas, el edificio se destinará exclusivamente a uso comercial y hotelero. Parte de la complejidad de la solución pasaba por diseñar una pieza comprensible tanto de forma aislada como formando parte de un conjunto de mayor escala.
Se busca, por un lado un edificio singular que a través de su formalización sea capaz de atraer a las personas interesadas en este nuevo desarrollo, y por otro lado, un edificio con la cualidad de “edificio puerta” desde los espacios urbanos exteriores al futuro gran espacio interior de manzana proyectado en segunda fase. Un edificio de transición que intencionadamente levanta sus extremos para permitir una gran permeabilidad física y visual. Conceptualmente el edificio resuelve un límite construido de programa de oficinas que delimita un gran espacio central cubierto, a modo de gran “hall” sobre el que gravita la propuesta, y en el que se desarrollará el programa de ventas inmobiliarias.