Buscando en el catálogo...

El proyecto es una aproximación de la ciudad hacia el mar. Una topografía que nace de los flujos del lugar y lo vertebra creando un paisaje que acoge a sus visitantes situándolos en relación con el agua. Se eleva respecto a las zonas de programa y va uniendo mediante sistemas de caminos los grandes parches de vegetación mediterránea que la cubren. La zona elevada permite tener una visión global del conjunto, ver el mar durante todo el paseo y hace que los valles intersticiales que albergan las zonas de programa tengan su propio microambiente. De esta manera tenemos un gran parque a escala de la ciudad pero con un sistema de elevaciones y depresiones que nos permite crear espacios de una escala mucho más humana.

El sílice, materia base para la creación del vidrio, presente en numerosos minerales como el cuarzo, y de formación cristalina que generan volúmenes poliédricos engarzados entre si, partiendo de una base común y generando intersticios entre sus partes. Deseamos una arquitectura como escenario de unión entre el hombre y la naturaleza. De la imposición del programa en esta geoda digital, tal como la sala de reuniones, la zona de exposiciones, el almacén y el cuarto de instalaciones, surge su geometría tallada y modelada siguiendo un proceso análogo a un joyero en la confección de un diamante, dando valor y entidad a cada una de las distintas partes que componen el proyecto. La construcción, paso de lo virtual a lo real. Todos los materiales tienen sus características concretas, pesos, resistencias, dimensiones máximas de producción. De estas premisas surge en modelo definitivo, tanto en forma como en sistema constructivo. Estructura basada en un “wireframe” de chapa de acero plegada y atornillada entre si, a fin de confeccionar una malla estable capaz de soportar en peso de las caras cristalinas. Los vidrios, colgados como elementos de cierre de la malla, que a su vez funcionan trabando dicha estructura, pasando así de la simplicidad del ornamento a la funcionalidad estructural. CRICURSA, empresa de vidrio arquitectónico, capaz de generar gran multiplicidad de geometrías y acabados. En el stand se diferencian tres tipos de vidrios, codificados según los colores corporativos de la empresa y con dimensiones máximas de 2,5m de alto por 6m largo. Por un lado tenemos, los planos y plegados, aquellos que mantienen dos planos distintos unidos por una curva, que son de color naranja, y por el otro los esféricos, de color azul, donde la flecha central llega a medir hasta 30cm de altura. Ambos tipos de vidrio están grabados al ácido mediante un patrón que permite dar una gran variedad de transparencias a lo largo de su recorrido.

Un lounge bar en Empuriabrava con una premisa: la singularidad y un trato exclusivo al cliente. Un único espacio, con una única solución arquitectónica pero que genere una gran cantidad de percepciones diferentes: visuales, cromáticas, auditivas, sensitivas... La idea parte de la planta del local y del análisis de los tipos de clientes que puede haber en el bar. Se define una zona de barra, unos espacios reservados para grupos pero no cerrados totalmente, una zona de entrada de uso más generalizado y otras zonas más tranquilas de configuración variable que quedan matizadas por la posición central de los privados. De esta manera se pretende que cada cliente pueda encontrar su espacio particular, el que más se ajuste a su persona. Partimos de un análisis de los clientes que devino en una zonificación que arquitectónicamente está inspirada en la genética y en la codificación. Buscamos un solo material, una sola envolvente que sea capaz de generar los espacios de los que hablábamos antes y que a la vez no los separe totalmente y que visualmente nos permita tener en todo momento una percepción, aunque matizada, de la globalidad del espacio. Es decir, percibir el todo desde la singularidad del sitio concreto. Una única solución pero con multiplicidad de variables. Una malla tridimensional, irregular, deformada, estirada y moldeada para adaptarse a la arquitectura existente del edificio, para cubrir el espacio de terraza, para generar los espacios requeridos por el programa. Más de cuatrocientas piezas de metal todas diferentes, más de dos mil caras con otras tantas orientaciones, todas codificadas, todas controladas, que hacen que cada perspectiva sea singular, que cada reflejo y cada matiz de la luz sea diferente. Luces con cambio de color. Un sistema RGB de fluorescencia y una malla blanca dentro de una caja negra capaz de coger la tonalidad del color elegido esa noche. Percibir el rojo y el calor en invierno, inundar el espacio de colores fríos en verano o trasladarse durante la noche del verde selvático a los naranjas del desierto son percepciones también buscadas por el cliente. La zona de lavabos y de barra son una caja negra atrapada en la tela de araña, un espacio recto, funcional, inundado de maquinaria en la zona de barra y con un guiño de color en los lavabos. En este bar lo que no es blanco es negro. La caja de servicios, el proyectado acústico que envuelve el local, las instalaciones, los focos puntuales, el mobiliario, el suelo... Todos y cada uno de ellos cumplen su función pero a la vez pasan desapercibidos para dar importancia al blanco de la malla que resaltando sobre lo demás configura realmente el espacio. Desde fuera de noche es una extraña lámpara de colores variables según la noche y de día un volumen azul intenso de facetas irregulares.

Sant Andreu L1, tuvo como concepto de diseño uniformar la zona del paso de las personas con un solo material, que resolviera el pavimento y los revestimientos. Para el desarrollo de los andenes se generó una piel que alberga todo el contenido de las instalaciones teniendo en cuenta que ha de ser permisiva a los diferentes componentes de la estación, para ello se dispuso una estructura metálica anclada a la bóveda en los andenes laterales y otra apoyada en el suelo en tan solo tres puntos en el andén central, que contiene un sistema de focos de LED de cambio de color, conjugado con proyectores de gobos que permitirán hacer proyecciones de imágenes. Todo este combinado, permite obtener diferentes percepciones de la estación por los usuarios.

La reforma de la estación de metro de Drassanes se engloba dentro del plan de mejora de infraestructuras de TMB. Un proyecto definido por dos condicionantes: las restricciones del espacio y las condiciones impuestas por los elementos existentes. El acabado interior de la estación se resolvió como en el interior de un vagón de tren donde una sola piel alberga todo lo necesario para los pasajeros. Esta piel, debía ser resistente al contacto diario de los pasajeros, y a su vez, proporcionar un aspecto limpio y luminoso. Con piezas de GRC, material tan resistente como el hormigón armado pero mucho más ligero, se resolvieron paredes y techos mientras que para los pavimentos el material elegido fue terrazo continuo blanco.

El nuevo espacio surge de la necesidad de ampliación como laboratorio teórico-práctico de arquitectura, dando cabida a nuevos proyectos de investigación relacionados con las tecnologías digitales y procesos de producción paramétricos. Un nuevo centro cultural con capacidad expositiva, que da lugar a nuevas conexiones interdisciplinares ligadas al proceso evolutivo de la nueva sociedad. El nuevo local se caracteriza por ser una estructura abierta de investigación, colaboración y producción concebida para generar las soluciones demandadas por los distintos grupos colectivos dentro del campo del diseño y la arquitectura.

El edificio Tecnoparc estará situado en el futuro parque tecnológico de Reus. Es sostenible en sí mismo y de su entorno, compactando al máximo su programa, para dar el mayor espacio libre y vegetal a la ciudad, y poder conjugar varios usos en un mismo volumen. Así pues, tenemos un palacio ferial, al cual se accede por la zona verde de la parcela, creando una gran plaza-anfiteatro de bienvenida. Un palacio de congresos, con un restaurante, una zona destinada a platós de televisión, la nueva Cámara de Comercio de Reus y un vivero de empresas.
Para la concepción en fachada, que se desarrolla como referencia de la gran versatilidad formal que tiene un circuito impreso en una placa de componentes electrónicos.