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El proyecto se ubica en un entorno rural, en una parcela con fuertes desniveles entre la cota del solar y los campos y calles perimetrales. Taludes y bancales, las herramientas tradicionales para trabajar la topografía, resuelven la implantación dando continuidad al paisaje de la localidad. La vivienda se ubica en la cota superior del solar, aprovechando la topografía existente para optimizar las vistas sobre la Hoya de Huesca.
Situada sobre un terreno arcilloso de escasa resistencia, se plantea una estructura de muros de carga que permite distribuir lo máximo posible el peso del edificio y recupera la construcción muraria del lugar. Este entramado de muros cerámicos establece una continuidad geológica con los terrenos arcillosos del municipio. Los muros de traba en torno al espacio central actúan a modo de contrafuertes, rigidizando el conjunto para liberar un espacio de grandes dimensiones en el centro de la vivienda.
La casa es un volumen compacto y sencillo con cubierta inclinada a dos aguas, resuelta mediante una estructura de vigas y tableros de madera. La cubierta se protege con teja árabe en continuidad con las construcciones de la zona. Los muros exteriores se revisten con mortero de cal, integrando el edificio con la arcilla de los terrenos circundantes y con las construcciones del entorno.
El estar configura el espacio central de la casa. A través de distintos espacios intermedios (porches, galerías...) se relaciona con el exterior recibiendo iluminación y vistas de todas las orientaciones haciendo que la vivienda funcione como un reloj solar. Desde su centro acompaña el recorrido del sol a lo largo del día, evolucionando en su uso y estableciendo una estrecha relación con su entorno.
La compacidad y su construcción muraria dan lugar a un edificio de elevada inercia térmica, que aprovecha el recorrido solar y los vientos principales para reducir la demanda a lo largo del año. El espacio central funciona como elemento de regulación térmica. En los meses fríos, la colocación del espacio de mayor actividad y con más exigencia térmica en el centro de la vivienda permite acumular el calor en su interior reduciendo las pérdidas y distribuirlo desde ahí hacia el resto de las estancias. En los meses cálidos, la ventilación cruzada a distintas orientaciones de la vivienda permite disipar la carga interna del edificio generando unos espacios sombreados y frescos. El sistema de espacios intermedios perimetrales actúa como protección frente a la radiación solar en las orientaciones más expuestas y genera un conjunto de estancias que matizan y potencian la relación de la vivienda con el exterior.

PROGRAMA
El encargo consistía en una cocina exterior con dos ámbitos: uno de cocina y otro de leñero. La zona de cocina a su vez debía estar formada por dos módulos: uno de fogón y uno de trabajo, pudiendo utilizarse ambos como fogón en caso de necesidad.
LUGAR
La obra se sitúa en las afueras de Nueno, un pequeño pueblo de la provincia de Huesca.
Ubicada en una localidad de terrenos arcillosos, las piezas cerámicas escogidas establecen una continuidad material entre la cocina y las formaciones geológicas del entorno mediante piezas cerámicas con una coloración y textura similar a los suelos de la zona. El material predominante en el lugar -la arcilla-, es el material de las piezas que construyen la cocina garantizando la integración de la obra en el entorno.
ECONOMÍA
Se realiza un estudio de las piezas disponibles en el mercado de la localidad, en el que se concluye que un ladrillo refractario prensado de 22x11x4cm presenta las características técnicas más adecuadas para la obra. Pese a suministrarse únicamente en palés enteros (de 704uds) la pieza constituía la opción más económica entre la oferta de refractarios disponible en los almacenes de construcción de la localidad. El objetivo de la obra es resolver todos los detalles y requerimientos del programa con la colocación diferenciada de estos 704 ladrillos.
AUTOCONSTRUCCIÓN
Concebida desde la autoconstrucción, la obra se ejecuta con mano de obra no especializada, inexperta, obligando a pensar con especial intensidad la ejecución desde el inicio del proyecto. Decisiones como el uso de ladrillos enteros, sin cortes, van dirigidas a facilitar la puesta en obra.
Si bien el proyecto se concibe desde una investigación de las posibilidades de la fábrica cerámica, los medios auxiliares de la construcción aprovechan excedentes de antiguas obras desde la lógica del “nada se tira”: los encofrados se ejecutan con tablas de antiguos muebles, los drenajes con residuos cerámicos triturados de la propia obra, etc.
TECTÓNICA
Construir con ladrillo implica construir con aparejos. El apoyo de estantes horizontales, la regulación de altura de las parrillas, la celosía de ventilación… la colocación diferenciada de un único material resuelve todos los detalles y da respuesta a las distintas necesidades de la obra. El ladrillo constituye el elemento fundamental de esta obra que busca estudiar sus posibilidades para resolver los distintos requerimientos funcionales y constructivos.
En este sentido, el aparejo es traducción directa de los dos ámbitos funcionales:
- Espacio de cocina: Espacio superior opaco, cerrado. El aparejo del ladrillo permite contener el fuego y facilitar el trabajo de cocina. El giro de hiladas alternas permite colocar la parrilla a distintas alturas, regulando la cocción de los alimentos.
- Estantes de apoyo/ leñero: Espacio inferior abierto, transpirable. La celosía de ladrillo permite la ventilación cruzada secando la madera y evitando que la humedad se acumule.
A través del uso del ladrillo, la construcción de la obra busca sintetizar y expresar las condiciones marcadas por el lugar, los materiales, el programa y el proceso de la obra.

El complejo Cal Simó, se construye en el año 1965 para dar vivienda a los trabajadores de la fábrica Puigneró en la localidad catalana de Sant Bartomeu del Grau.
Tras el cierre de la fábrica en el año 2003, este conjunto de 70 viviendas experimentará una pérdida gradual de habitantes hasta un mínimo de 8 viviendas ocupadas en la actualidad. Con 62 viviendas vacías (más del 66% de la localidad) se presenta a día de hoy como una estructura sobredimensionada para el pueblo y su demanda.
El trabajo aquí mostrado parte del entendimiento de que hay un modelo de intervención más barato que la rehabilitación, que es la demolición parcial. Aunque conscientes de que esto conlleva una pérdida de volumen construido, la resta estratégica puede suponer un valor añadido sobre la estructura restante resultando en un mayor rendimiento económico.
En este sentido, entendemos que una demolición estratégica del excedente sobre los puntos más comprometidos estructuralmente puede permitir esponjar el volumen total solucionando temas clave del edificio como la accesibilidad o la habitabilidad.
La posición privilegiada del edificio frente al paisaje, la necesidad de intervención sobre los forjados en la parte posterior de los volúmenes, el estado deficiente de las construcciónes anejas… invitan a realizar una intervención más intensa sobre la parte trasera de los volúmenes.
Entendemos que para competir con la oferta de vivienda existente en la localidad es necesario generar unas mejoras sustanciales en la iluminación y ventilación de las viviendas. Con ello, se realizan 4 operaciones contundentes de demolición sobre puntos estratégicamente seleccionados que aspiran a corregir sustancialmente los problemas del edificio, realizando operaciones muy contenidas en el resto del volumen.
Identificado el excedente de volumen construido, lo que se plantea es un proyecto que consiga añadir valor a la infraestructura a través de operaciones de resta.

El proyecto constituye un eslabón más en la investigación colectiva planteada por el IBAVI para desarrollar promociones de vivienda capaces de hacer frente a la crisis climática y habitacional desde el contexto específico de las Islas Baleares.
Ubicado en Santa Margalida, una pequeña localidad del norte de Mallorca, se plantea un edificio de 10 viviendas sociales y 10 espacios polivalentes, construido con materiales locales y/o de bajo impacto ambiental. La estructura exterior se resuelve con piedra de marés de canteras locales, dando lugar a una construcción robusta y duradera y garantizando la integración del edificio en su entorno. El interior se resuelve mediante una estructura horizontal de paneles prefabricados de madera y una estructura vertical de muros de carga de ladrillo local que facilita la viabilidad económica de la obra.
La investigación tecnológica del proyecto recae sobre cómo optimizar los espesores de estos elementos estructurales y reducir al mínimo el material empleado en obra. En este sentido, el giro de forjados en crujías alternas permite repartir al máximo la carga y asegurar la traba del conjunto, utilizando muros de carga más esbeltos y abaratando su ejecución. Del mismo modo, los forjados de madera se plantean con un sistema de paneles prefabricados, facilitando su montaje y agilizando su ejecución en obra. La sección en H de los paneles permite que, en situación de fuego, el tablero horizontal proteja la parte superior de las viguetas reduciendo la cuantía de madera empleada en los forjados sin necesidad de aditivos ni barnices ignifugantes, sólo a través del trabajo de la geometría de sus componentes.
Para los muros de carga cerámicos, se elige un formato propio de la isla que duplica la altura de un ladrillo perforado convencional con un módulo de altura de 20cm, lo que permite una colocación más eficiente y reduce el coste de ejecución. Esta altura coincide a su vez con los módulos tradicionales de los mampuestos de marés lo que facilita la coordinación dimensional de todos los muros de la obra. Estos muros de ladrillo se revisten únicamente una pintura de jabelga de cal, un acabado ligero que potencia las prestaciones higroscópicas de la cerámica y contribuye a la regulación del ambiente interior de las viviendas. Este mismo ladrillo perforado, relleno con arena, alcanza la masa suficiente para garantizar el aislamiento acústico entre viviendas, permitiendo resolver toda la estructura con un único formato.
Ante la exigencia normativa de disponer una plaza de aparcamiento por vivienda y la escasa demanda real de estas en la localidad, el proyecto genera en planta baja un conjunto de espacios polivalentes de apoyo a las viviendas, que puedan a su vez ser utilizados para dar respuesta a esta exigencia. Esta estrategia revierte los condicionantes normativos, evitando construir un sótano de aparcamientos y, con ello, la huella ecológica y el sobrecoste económico asociados (movimientos de tierras contenciones, etc). Se genera así un sistema de 10 espacios polivalentes en contacto directo con la calle y el jardín trasero con capacidad para funcionar como garajes, talleres, espacios complementarios… o para albergar cinco unidades de vivienda adicionales si en un futuro la normativa lo permitiera.
En las plantas superiores, se aprovecha la reducida profundidad del edificio para generar viviendas pasantes con doble orientación, potenciando la idea de “vivir entre exteriores”. La pasarela de acceso fomenta la relación social al vincularse directamente con cocinas y galerías, favoreciendo el contacto entre los habitantes y contribuyendo a combatir situaciones de soledad no deseada. Las protecciones solares exteriores permiten regular la privacidad de las viviendas y, al mismo tiempo, garantizar su adecuada ventilación.
La disposición al tresbolillo de las estancias estructura la organización de las viviendas. Las tipologías se articulan en torno a un núcleo central, generando recorridos circulares que flexibilizan su uso y largas visuales que amplían la percepción espacial del interior. El recorrido del sol acompaña su uso a lo largo del día.
El proyecto busca dar respuesta a la demanda de confort desde la propia forma de la arquitectura consiguiendo, mediante el uso sistemas pasivos (ventilación cruzada, galerías captadoras, inercia térmica…), reducir a 0 el consumo de energías primarias no renovables.
En este sentido, se prioriza la orientación sudeste en todas las viviendas, utilizando las galerías de fachada como espacios captadores de energía durante los meses fríos. En los meses cálidos, un sistema de persianas enrollables permite sombrear estos espacios bloqueando la radiación solar. La organización en planta da lugar a viviendas de escasa profundidad y doble orientación, garantizando la ventilación cruzada y el aprovechamiento de las corrientes de aire dominantes.

El llano de la Hoya de Huesca acaba, las montañas brotan y a sus pies se asienta el pueblo de Nueno. El núcleo urbano se desarrolla sobre la ladera sur, buscando la mejor orientación solar y dominando el paisaje de la llanura oscense. Construcciones fruto de la tradición, del saber popular, mantienen la identidad propia del pueblo estableciendo estrechas relaciones con la marcada topografía del lugar. En uno de los puntos más elevados, sobre cubiertas de teja y terraplenes, aparece una ruina, restos de una antigua construcción que el tiempo ha erosionado. Sólo los gruesos muros de piedra que un día ofrecieron refugio y protección permanecen.
La ruina se asume como un elemento autónomo, evidencia de la acción del tiempo. Un proyecto que muestre la superposición de los distintos momentos en el tiempo. En un proceso de depuración, de esencialización, la intervención se limita a la construcción de un plano horizontal, como afirmación primera frente a la gravedad, que se desmaterializa situando al individuo en ese estado frágil, difuso, que es el sueño. Quedar suspendido frente al paisaje, soñar hasta perderse en el horizonte.
La estructura se resuelve mediante vigas de vidrio y columnas de acero, ordenadas siguiendo la cuadrícula que dibuja la intervención y organiza el proyecto. El trabajo del vidrio se realiza, acorde con esta retícula, sin anclajes metálicos, logrando superficies limpias articuladas mediante el uso de silicona estructural. Las columnas se construyen con acero cromado, reflejando el entorno y desdibujando su presencia en el lugar.

El proyecto busca preservar y actualizar una vivienda en un edificio modernista de Barcelona con más de 100 años de antigüedad, manteniendo y renovando el patrimonio cultural que representan estas viviendas de finales de siglo XIX y principios del XX para la ciudad.
La primera decisión parte de reconocer y valorar la tipología de vivienda existente y, a través de pequeños ajustes, potenciar sus cualidades. Para ello la intervención mantiene la disposición de las estancias, ampliando ligeramente el espacio del recibidor para flexibilizar su uso y facilitar que pueda acoger programas diversos.
Este espacio pasa a constituir el centro de gravedad de la planta, organizando accesos, recorridos y visuales a través de las distintas estancias. El espacio central se convierte en protagonista y elemento distribuidor de la vivienda, eliminando pasillos y aprovechando al máximo su superficie útil. La disposición de las estancias y de las nuevas aperturas genera un entramado de vistas cruzadas a través de la vivienda, dotando de mayor amplitud e iluminación a los distintos espacios y conectándolos con el exterior.
Desde una actitud de reaprovechamiento se busca recuperar y reorganizar los elementos existentes en la vivienda: pavimentos, puertas, ventanas… reutilizando al máximo los recursos disponibles para minimizar gastos y preservar su valor histórico.
El proyecto explora cómo la arquitectura puede encarnar la circularidad no a través de innovaciones de alta tecnología ni de usos futuros especulativos, sino mediante la contención, la reutilización y la reorganización de lo ya existente. En lugar de introducir nuevos materiales o sistemas, la intervención prioriza hacer lo estrictamente necesario, prolongando la vida de las estructuras, los elementos y las tipologías existentes amortizando así su valor ecológico incorporado. Este reaprovechamiento tipológico y material convierte al proyecto en un archivo vivo de su propia historia, permitiendo que estas herencia cultural adquiera nueva relevancia y función.
Este posicionamiento patrimonial requiere de un trabajo de inventariado y recolocación de los elementos existentes, con especial atención a los pavimentos. En palabras de Albert Cuchí:
“Los conocidos pavimentos modernistas no son sino el remedo veraniego de los dibujos de las alfombras que tapizaban el suelo de las viviendas durante el invierno. En el paso de los meses fríos a los más cálidos, las viviendas se desvestían de sus abrigos invernales para dar paso a otra gestión basada en la ventilación y la inercia.”
Se busca preservar esta idea. La casa es una secuencia de alfombras.