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Justo estos días se cumplen 16 años desde mi defensa de la Tesis Doctoral. Desde entonces han ido cambiando las normativas y maneras de desarrollar la investigación, los ritmos y las exigencias -tanto para el doctorando como para la dirección- para definir un margen de trabajo operativo y asumible para todos los implicados en el proceso. Escribir la Tesis Doctoral tiene esa connotación un tanto romántica de desarrollar y explicar una investigación única e irrepetible que a menudo induce a un enorme esfuerzo mental (y económico) y a un trabajo que se eterniza fácilmente. El actual límite de prorrogas de la fecha de defensa, aunque quizás afecte negativamente a las investigaciones más ambiciosas, impide estos largos y complicados matrimonios entre los doctorandos y sus tesis.

No se me ocurre el momento más adecuado y más triste para recordar la guerra de Bosnia hace casi 30 años cuando Sarajevo, su capital, fue sitiada durante cuatro años por las tropas Serbo-Bosnias. Esa guerra fratricida que terminó en 1996 dejando estados disfuncionales y sociedades fragmentadas, muestra un paralelismo evidente con la actual agresión contra Ucrania. Con mi pensamiento en los arquitectos que lo están viviendo ahora recordaré aquellos que documentaron y analizaron las consecuencias de la guerra de entonces, pensaron en la ciudad, en las condiciones extremas y en los posibles caminos de la reconstrucción.

Pronto hará cinco años desde que se aprobó la remodelación del mercado de Abacería Central de la Vila de Gracia de Barcelona, un largo proyecto que todavía espera su desenlace final. Todos los mercados históricos de Barcelona han sido remodelados para incluir una amplia funcionalidad que en muchas ocasiones los ha alejado de la idea tradicional del mercado, muchos han sido proyectos de éxito que indudablemente han cambiado su entorno inmediato. Éste no será menos: se reducirán las paradas a favor del autoservicio, habrá espacio público cubierto y tres niveles subterráneos con diferentes usos incluidos los almacenes para las asociaciones de vecinos. Los accesos para carga-descarga y aparcamiento alterarán las calles circundantes, hace tiempo pacificadas y convertidas en el dominio de los peatones.

En 1920, siguiendo el decreto de Lenin, se fundó en Moscú la escuela de arte, artesanía y arquitectura Vjutemas (de Talleres Superiores Técnicos-Artísticos del Estado o Высшие художественно-технические мастерские). Fue un centro público, fundado fusionando la Escuela de Pintura, Escultura y Arquitectura de Moscú y la Escuela de Artes Aplicadas Stróganov, con un cuerpo docente de 100 profesores que ofrecía plazas para unos 2500 estudiantes. El tamaño y la posición política próxima al estado, así como la educación gratuita y accesible a todos, lo diferenciaban de la Bauhaus con la que a menudo se compara por la orientación vanguardista de una parte de su programa.

La pandemia con las consecuentes restricciones de movilidad, cambios de actividades y necesidad de asegurar más distancia entre las personas ha tenido un eco interesante en el re-diseño de las calles de Barcelona que ha suscitado un profundo debate. En algunas de ellas, especialmente en el Ensanche, los carriles de coches se han sustituido por espacios peatonales, marcados con el grafismo de las supermanzanas que siguen en proceso de implementación. Se han pintado unas franjas de colores, a veces reproduciendo las características baldosas con dibujo de rosa, a veces con motivos geométricos. Estos espacios se han separado del tránsito con conos de plástico, cubos de hormigón o vallas de diferentes tipos. Otro tipo de grafismo menos reglamentado ha marcado las posiciones en las colas a las puertas de los supermercados o “carriles” de acceso de los niños a los colegios. Además las terrazas de los bares han empezado a sustituir las plazas de parking en las calzadas.

Los análisis y las reflexiones sobre la calidad de la arquitectura que nos envuelve, han sido intensos e interesantes en los meses que llevamos de pandemia. Las semanas de confinamiento han puesto de relieve los puntos fuertes y las debilidades de nuestras viviendas y la idea del espacio intermedio se ha cristalizado como la vía para mejorar la arquitectura de proximidad de uso intenso y continuo. Se ha hablado mucho sobre los balcones, los pasillos y los rellanos como paradigmas del intermedio residencial y como de repente los hemos identificado como espacios susceptibles a mejorar la calidad de la vivienda.

Cada vez más, las obras arquitectónicas se explican mediante el concepto de la empatía. Un edificio empatiza con sus usuarios, especialmente si tienen necesidades especiales. También con su contexto físico y cultural siempre que incluya elementos protegidos del medio natural y del construido. Entender y atender a las necesidades del otro, escuchar activamente sus opiniones y saberse poner en su lugar para definir el proyecto como solución a la multiplicidad de cuestiones que plantea una obra de arquitectura, la convertiría en empática. Sin embargo empatía no funciona sólo en el plano operativo y programático, sino abarca un amplio campo de sentimientos y memorias. Además, la arquitectura se adelanta y trata de buscar respuestas a situaciones futuras, así que tendríamos que considerar empatía en un sentido mucho más complejo y más duradero.

En las últimas semanas -meses y años- hemos presenciado una intensa actividad en las calles y plazas de diferentes ciudades: Hong Kong, Santiago de Chile, Barcelona, Belgrado. Las razones son diferentes, algunas manifestaciones son multitudinarias y pacíficas, y otras acaban en violencia y destrucción del mobiliario urbano. El espacio público es el único lugar que pueda acoger la crítica colectiva y manifestaciones públicas del malestar. Espacio donde se revelan diferentes conflictos derivados esencialmente: conflictos políticos, económicos, raciales, culturales, o de género. En casos extremos, en el espacio público se ha dado lugar a atentados con víctimas mortales.

La reconstrucción ocupa una parte importante de la arquitectura: rehacer partes de edificios, barrios o ciudades es base del proceso de su rehabilitación y más importante de su re-habitación tras desastres naturales o humanos. Volver a construir es la definición convencional de reconstrucción, la primera que aparece en el diccionario. Esta visión “occidental” ha acompañado las reconstrucciones tras las dos guerras mundiales, revoluciones y contrarrevoluciones, fuegos y terremotos. Ciertamente en Europa no faltan ejemplos, algunos bastante recientes y aún presentes en la vida cotidiana 1 .

El primer día de clase presentamos el temario de la asignatura de Historia de Arquitectura: Grecia-Roma-Románico-Gótico-Renacimiento-Barroco. En las 15 sesiones hay que enfundar un conocimiento de las principales etapas históricas de la arquitectura occidental, además de dos exámenes parciales. Una estudiante de origen Asiático pregunta: “¿por qué estudiamos tantas cosas de Italia?”1 El curso siguiente incluimos, aunque sea de manera esquemática, dos temas: arquitectura tradicional de Asia oriental y arquitectura del Bizancio. En seguida aparecieron nuevas conexiones y nuevas visiones sobre la arquitectura de Europa Mediterránea. Al contestar en el examen la pregunta sobre Bizancio, un estudiante desarrolló la influencia de la Hagia Sofía de Constantinopla sobre la arquitectura del imperio Otomano y el mundo Musulmán. Un tema más a añadir al temario de la asignatura, aunque sea de manera todavía más esquemática…

Los años que Laszlo Moholy Nagy pasó como profesor de la Bauhaus (1922-1928) fueron marcados por dos interesantes artefactos que ampliaban el concepto de la obra de arte y del rol del artista en la realización y control de la forma final. Ambos siguen siendo válidos como supuestos para pensar y analizar la obra arquitectónica.

Neurodiversidad es el término utilizado para designar personas con algún grado de autismo o trastorno del espectro autista (TEA). Alrededor de 1 en cada 120 personas es diagnosticado anualmente con algún grado de TEA y este número crece; así, incluso se puede oír hablar de una epidemia. Una de las razones es que cada vez hay más consciencia que entre nosotros existen importantes diferencias que merecen ser reconocidas.

La edición 16 de La Bienal de Arquitectura de Venecia 1, comisariada por Grafton architects, explora el tema “Free Space” -el espacio libre– en todos sus posibles significados: libre de construcción, libre de usuarios, espacio natural, público, gratuito, sin límites o espacio para liberar, tierra de nadie –urbana y política. Tras ver la mayoría de las exposiciones de manera seguida y en un tiempo comprimido en los dos días de la vernissage, queda una imagen transversal de un único pabellón: Pabellón Venecia. Ha sido un reto sistematizarlas en un mapa mental 2 que al mismo tiempo, refleja la variedad de las propuestas.

El último fin de semana de Marzo inauguramos la exposición de vora arquitectura en Belgrado: su primera exposición monográfica, la primera exposición de la arquitectura española en la joven galería Kolektiv e incluso mi primer comisariado de una exposición en Belgrado que cambié por Barcelona hace unos 20 años. Un intercambio interesante y necesario para todos.

Cíclicamente la nostalgia forma parte del nuestro consumo cultural e incluso del consumo general. Las campañas publicitarias con estética pasada, las re-ediciones de películas o de los juegos de Spectrum, últimamente hacen pensar que los tiempos en los que la mirada hacia el futuro era una garantía del progreso, hayan pasado. O que el futuro ya no se identifica sólo a través de la imagen de progreso tecnológico y que en este progreso cabe un concepto tan personal como nostalgia.

Sabemos de sobras que el espacio púbico es un bien muy preciado y muy importante para la ciudad contemporánea. Son numerosos y variados los proyectos para perfeccionar el diseño e iniciativas para ganar extensión de estos espacios o para incluir, al menos declarativamente, a más usuarios. Mayoritariamente el espacio público de nuestras ciudades tiene una funcionalidad reducida: ocio y consumo, básicamente. Es un espacio altamente normativizado, sujeto a numerosas regulaciones de su forma, distancias entre elementos, de los usos preferenciales, ordenación y edificación, convivencia, ruido, pautas y frecuencia de mantenimiento, etc. Hablamos, por tanto, del espacio jurídico que forma parte del juego y expresión política (como explica Domenico de Siena en su blog http://urbanohumano.org ).

Con la ocasión del centenario de la Revolución Bolchevique he sido invitada a dar conferencias sobre la arquitectura desarrollada en el periodo post-revolucionario, sobre las ideas y conceptos formulados, las realizaciones y sus cambios en el tiempo. Es un momento único para repasar las ideas del nuevo hombre nacido de esta Revolución que se formaría habitando nueva arquitectura y nuevas ciudades que nada tendrían que ver con el pasado. Ninguna de estas comunicaciones se ha realizado –ni se realizará en un futuro próximo- en las escuelas de arquitectura; más bien se trata de charlas para un público más amplio, menos especializado pero conocedor de las particularidades e historia del sistema socialista. Con la cantidad de ideas novedosas y utópicas sobre la organización urbanística, vivienda colectiva, equipamientos públicos o -más adelante- los sistemas constructivos y prefabricación a gran escala, resulta curiosa esta falta de interés, que a veces parece seguir la inercia eurocéntrica de la Guerra Fría.

La cultura de mostrar1, compartir y exponer, auto-exhibirse también, es hoy la cultura dominante, amplificada y promovida por los nuevos medios y redes sociales. Todos los proyectos se exhiben continuamente de diferentes maneras y los tenemos presentes a golpe de twitter. También las retrospectivas y los ‘rescates’ históricos de proyectos más o menos significativos, bonitos u olvidados están al orden del día. Iniciativas como #eljuevesdearquitectura, las publicaciones del @coacarxiu o de diferentes blogs dan cuenta de ello.


Resulta que en arquitectura ya no hay estilos. Es una palabra que pesa, que se ha gastado, se ha vuelto demasiado lenta para nuestro tiempo y se ha perdido entre sus múltiples significados. En cambio, cada vez más se habla de modas, ya ni siquiera de movimientos o -ismos. Llevamos ya unos años con la moda –según varios- de lo inacabado, de dejar las tripas, de la mínima intervención, de la no restauración sino de poner de relieve las vidas previas, del re-uso, re-apropiación o re-habitación de las obras construidas.