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El Caño de Hierro es una formación rocosa sobre la cual se asienta el núcleo urbano de Hornachuelos, un pueblo cordobés situado al borde de la sierra que lleva su mismo nombre, asomado desde la lejanía a la vera del Guadalquivir.
Las cuevas del caño de Hierro, que antiguamente se utilizaban como refugio y como almacén de excedente agrícola, estuvieron sepultadas bajo runa y maleza durante largas décadas, y sólo se mantuvieron vivas en el recuerdo de los mayores del lugar. Nos hablan de otros tiempos, otros ritmos, otra manera de vivir. Su puesta en valor se enmarca en una operación que tiene el objetivo de recuperar el patrimonio de Hornachuelos para sus vecinos y reivindicar su enorme riqueza natural, histórica y arquitectónica.
Para la puesta en valor del Caño de Hierro se propone un paseo peatonal, que parte de la carretera de acceso al pueblo y que culmina en la mayor de las cuevas, la Cueva de las Carretas. El paseo debe salvar los nueve metros en altura y el margen en superficie para resolver el ascenso es limitado. Se trazan seis muros de contención, seis cortes en el terreno, de los cuales resulta el paseo peatonal, un trazado geométrico que resuelve el ascenso y la transición de una vía rodada a un entorno natural, agreste.
El Caño de Hierro es un paisaje de una gran belleza plástica. Su gama de amarillos va tornándose en marrones a medida que el día avanza y el Sol cae. Sus huecos y sus protuberancias, su geometría irregular, no hacen sino magnificar el carácter cambiante, sometido a los designios de la luz, de este lugar. Se trata de una estética rasgada que los muros, con su color y su encofrado pretenden reconocer y acompañar. Pasan a formar parte de este gran zócalo que es el Caño de Hierro para Hornachuelos.
En su culminación, bajo la cueva de las Carretas, el paseo se expande, ofreciéndonos un mirador. Desde aquí se observa la vertiente opuesta del caño, y a lo lejos, los campos de naranjos que se extienden hasta el horizonte. La culminación de este recorrido no es otra que la observación del paisaje desde el paisaje.

CIUDAD SILVESTRE presenta un conjunto de textos escritos después del confinamiento sanitario a causa de la COVID-19. Una situación excepcional que nos permitió durante tres meses un cierto distanciamiento frente a la realidad en la que estamos inmersos, aquella que «prefiere la imagen a la cosa, la copia al original, la representación a la realidad, la apariencia al ser» y que nos hizo reflexionar sobre algunos problemas estéticos y morales que siguen hoy en día secundando nuestras ciudades y la naturaleza que en ellas habita.
A través de dos conceptos algo periféricos como el Terrain vague —espacios que surgen de la desarticulación de la ciudad contemporánea— y el de Tercer paisaje —naturaleza que persiste cohibida dentro de ciudad que compartimos—, recuperaremos ciertos debates como la condición política del paisaje urbano o la interrelación que debería existir entre la organización social y los ecosistemas naturales —lejos de reflexiones inocuas que suscita el urbanismo táctico de catálogo— que de forma inconsciente enmiendan el modelo sobre el que se construye la ciudad del día a día.
Como dijo Bauman «Sabemos que estamos en la cuerda floja, sabemos qué es de lo que queremos deshacernos, pero no tenemos idea alguna de con qué otro tipo de sociedad queremos reemplazarlo. En estos tiempos, la gente evita las discusiones que se refieran a las bases de una “buena sociedad”: lo único que hacen es reaccionar a las crisis, es decir, a la última crisis y a la crisis actual. Esto se explica por el hecho de que vivimos bajo la tiranía del tiempo: las crisis se siguen una a otra de forma extremadamente rápida; antes de resolver una, ya tenemos un pie en la siguiente.»
Enlace al texto completo: Ciudad silvestre
Trabajo de fin de máster
Josep Oriol Ferrer Frau
Director: Xavier Monteys Roig
Departamento de Proyectos Arquitectónicos
Escola Tècnica Superior d’Arquitectura de Barcelona
Unversitat Politècnica de Catalunya