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Esta exposición presenta la historia conjunta y posteriormente individual de dos arquitectos, Martín Domínguez Esteban y Carlos Arniches, que se descubren como piezas fundamentales para entender la llegada del Movimiento Moderno a nuestro país. En un viaje que parte de su formación intensamente influida por el privilegiado contexto del Institución Libre de Enseñanza y de la Residencia de Estudiantes, se exponen detalladamente obras de reconocido valor como el Instituto Escuela (1931), los Albergues de Carretera (1928-1935) y el Hipódromo de la Zarzuela (1935), en una cuidadosa escenografía de fotografías, planos y maquetas. Fuera de España, y marcadas por el exilio, se refieren otros notables proyectos como el edificio FOCSA en la Habana de Domínguez o su producción docente e intelectual en Cornell University (Ithaca, Nueva York). Esta exposición reivindica una arquitectura ignorada, en palabras de sus comisarios, Pablo Rabasco y Martín Dominguez Ruz, “el exilio es un castigo político y social que trasciende al momento concreto y perdura más allá del tiempo vital. El olvido no sólo enturbia el pasado, sino que redefine el futuro. Esta exposición tratará de recuperar su memoria".
La planta baja está dedicada a la experiencia vital de sus protagonistas, la vertiente docente de Domínguez en USA en la Universidad de Cornell (Ithaca), y se cierra con los trabajos de diseño realizados para set de rodajes, en su incursión conjunta en el mundo de cine. La planta superior recogen los primeros años de trayectoria conjunta de Carlos Arniches y Martín Domínguez, y las derivas profesionales de cada uno de ellos: el diseño de Poblados de Colonización para el Instituto Nacional de Colonización del Gobierno del Régimen en el caso de Arniches en su “exilio interior”, y la profundización del ejercicio de la “arquitectura moderna” de Domínguez en Cuba en su primer exilio, para finalizar con sus obra americana correspondiente su último periodo vital, en su segundo y definitivo exilio. La entreplanta presenta obras contemporáneas que investigan el concepto del exilio en la actualidad del artista cubano Toirac y los españoles Rogelio López Cuenca y Elo Vega.
El objeto célula de este diseño es una mesa de aluminio y metacrilato que muta según las necesidades de la exposición, pudiendo acoger la documentación de dos dimensiones (fotografías y planos) en un plano superior, que genera un encapsulado para la conservación adecuada de los originales, y en un plano inferior, que transforma la mesa en urna para contener objetos y elementos tridimensionales. Las mesas se agrupan y conectan entre ellas y con su entorno para generar los espacios y atmósferas adecuados en cada caso. Además existen elementos especiales de soporte con pared, urnas, marcos, y pedestales, ideados y construidos en consonancia con las mesas.
Entidades colaboradoras relevantes: Cornell University Library, Eduardo Torroja Archive and CEDEX, Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAS), Biblioteca de la Universidad Politécnica de Madrid, Residencia de Estudiantes Madrid, Museo ICO.
La madera, el metacrilato y la tierra fueron los tres elementos constructivos de esta exposición. La planta baja presentaba la exposición con un cubo oblicuo de gran tamaño sobre surcos de tierra. Esta anodina composición mostraba como se tambalean los cimientos de esta iniciativa desde la perspectiva crítica actual. La primera planta, en torno a un gran claustro, presentaba la historia de los poblados de córdoba sobre una red de cubos que funcionan como soporte de paneles o como cajones para elementos expositivos. En el último tramo, el cubo cambiaba de escala y era habitable, permitiendo que el visitante pasara de espectador a protagonista.
En la actualidad, esta exposición tiene la vocación de itinerar por diferentes localizaciones cordobesas donde esta memoria forma parte de su presente.

Es ampliamente conocida la producción de arte urbano y arte público de la ciudad de Nueva York, la proliferación de su modelo de distrito artístico, el éxito internacional de sus espacios culturales en contextos industriales, sin embargo, pocos investigadores han atendido a las formas de organización y gestión del espacio urbano que escondieron esas prácticas creativas. El arte neoyorquino experimentó una revolución espacial que se extendió a dos décadas, y se concentró fundamentalmente en una, la de 1970. Los artistas de este periodo mostraron un entendimiento avanzado del devenir de la ciudad existente, del potencial de su tejido urbano en desuso, así como de una producción simbólica pública más ecuánime para una sociedad posmoderna. En una ciudad acostumbrada a intensos procesos de destrucción y creación, donde la memoria histórica tendía a recaer en la imitación y la ficción más que en prácticas conservadoras, estos artistas rescataron del olvido arquitecturas y lugares con procedimientos cuanto menos originales.
Mientras que el fenómeno SoHo ha sido muy analizado, esta investigación se centrará en otros procesos que también buscaban en la ciudad obsoleta de la década de 1970 un recurso urbano para el arte. Este estudio constatará como, además de la occupación urbana espontánea llevada a cabo por artistas y grupos de artistas en esta ciudad, emergieron organizaciones que, dirigidas también por creadores, se especializaron en proveer de espacio urbano a artistas para el ejercicio de su actividad. Nombres tan sugerentes como “Instituto para el Arte y Recursos Urbanos,” “Organización de Tiempo Creativo,” o “Consejo de Arte Público” designaban y resumían la actividad de algunas de ellas. Importantes figuras del mundo de la contra-cultura artística como Alanna Heiss (fundadora del Institute for Art and Urban Resources y creadora del MoMA PS1), Anita Contini (fundadora de Creative Time Inc., y Ex vicepresidenta del Lower Manhattan Development Corporation) o Doris. C Freedman (fundadora del Public Art Council y la Public Art Fund, y la primera directora del New York City Cultural Affairs Department), lideraron y dieron forma a estos proyectos espaciales entre dos dramáticas crisis del petróleo, reaprovechando y reinventando sus contextos urbanos.
Esta investigación describirá las diferentes formas de relación que el arte de esta época estableció con el espacio urbano, presentando la misión común de estas mujeres precursoras de un excepcional comisariado del tejido urbano obsoleto de la ciudad de Nueva York. La plataforma Living Lab que plantea la propuesta reconocerá y dibujará con precisión los espacios alternativos creados por sus instituciones, generando una memoria gráfica y oral de las primeras respuestas creativas a contextos en decadencia en tiempos de crisis.