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Estudio de caso: Huracán Sandy.
Herramientas destiladas del uso de los Big Data como avisos durante la emergencia, gestores tras el huracán y canales de participación durante la reconstrucción.
Hoy en día la cantidad de información generada cada dos día es comparable a toda la información generada por la Humanidad hasta 2003. Llevar un Smartphone en el bolsillo, pagar con tarjeta, hacer una búsqueda en Google, coger el autobús, etc. Todos estos actos de la vida cotidiana generan datos. Aprender a manejar una parte de esa gran cantidad de datos permitirá analizar, detectar, entender y atacar los desafíos urbanos que se nos presentan. La ciudad de Nueva York es sin duda el mejor laboratorio posible. De hecho, New York University (NYU) es la primera universidad del mundo que no sólo ofrece un master exclusivamente sobre las aplicaciones del Big Data en la arquitectura (Master of Science Applied Urban Science and Informatics) sino que además destina un centro íntegramente al tema, Center for Urban Science+Progress(CUSP).
Pero no sólo es interesante el lugar, sino también las circunstancias. En octubre de 2012, el huracán Sandy tocó tierra en 5 estados de la costa Este, causando innumerables daños. La ciudad de Nueva York fue especialmente castigada. No era el primer huracán que azotaba la ciudad, pero si que era el primero desde el uso masivo de las nuevas tecnologías y las redes sociales. La cantidad de datos generados durante la emergencia, en los días posteriores y durante toda la fase de recuperación, hacen de este lugar y estos condicionantes un caso paradigmático para entender el potencial de estas herramientas.
El estudio de este caso, complejo pero muy acotado en el espacio y el tiempo, mostrará el potencial infinito de las herramientas para ayudar a surgir una nueva manera de gestionar las ciudades basada en una interacción más fluida entre los agentes que le dan forma.

Herramientas para una necesaria sincronización del urbanismo contemporáneo.
Nos encontramos ante un momento inigualable. Por primera vez las sociedades comienzan a ser capaces de tomar el control transparente y real de su propia administración. Las herramientas no sólo permiten la vigilancia sino también la difusión en masa. Los datos son cada día más accesibles. Actualmente la cantidad de información generada cada dos día es comparable a toda la información generada por la Humanidad hasta 2003.
Una sociedad informada es una sociedad protegida y libre. Desde la aparición de las redes sociales, las iniciativas ciudadanas han cobrado un papel muy relevante; su organización y difusión es mucho más sencilla y, a su vez, su capacidad de generación de conocimiento ha crecido exponencialmente. Cada vez son más comunes las iniciativas que consiguen (re)tomar el control sobre aquellos asuntos donde las administraciones públicas no consiguen llegar; En ocasiones por falta de capacidad de reacción; En otras simplemente por desinterés.
Al tratarse de movimientos ciudadanos, su dimensión urbana es clara y son muy habituales los casos en los que su trabajo culmina dando forma a la ciudad de una manera mucho más natural y evidente que los largos procesos urbanístico-burocráticos.
Por todo ello se plantea una investigación que propone dar con los instrumentos necesarios para detectar, grafiar y analizar las iniciativas de empoderamiento ciudadano con el objetivo de generar herramientas que ayuden a sincronizar el urbanismo contemporáneo con los tiempos de la sociedad a la que sirve.
“There is no logic that can be superimposed on the city; people make it, and it is to them, not buildings, that we must fit our plans.”
(No hay ninguna lógica que pueda ser impuesta a la ciudad; la gente la hace, y es a ella, no a los edificios, a la que hay que adaptar nuestros planes)
Jane Jacobs. Downtown is for People. The Expolding Metropolis. Fortune, 1958

El nuevo Teleclub Bécquer actúa como lugar de reunión diario de los vecinos de Noviercas. El edificio, ganador de un concurso de proyectos, sustituye al único bar que desde 1970 alojaba la primera televisión de este pueblo del noreste de Soria, hoy parte de la España vacía.
Como pieza urbana, se sitúa en el centro de la plaza: al borde de la antigua carretera y rodeado por dos calles que llevan hacia el torreón árabe, el ayuntamiento y la iglesia. Presenta dos naves macladas en “L” que, manteniendo la huella recuerda el uso y la volumetría del edificio anterior, están concebidas para dotarlo de gran flexibilidad. Los dos espacios principales están configurados para que su uso pueda ser independiente o conjunto, pudiendo llegar a acoger a todos los habitantes. Correderas, tabiques móviles y puertas permiten la prolongación de éstos espacios principales hacia los colchones térmicos que, además de favorecer el comportamiento térmico, generan un desahogo espacial diluyendo la división entre plaza y edificio, prolongando las actividades hacia la plaza.
El confort térmico ha sido determinante para dar forma al edificio. Situado a +1.095 msnm en un lugar de nevadas invernales y constante cierzo frío. Se ciega a norte para protegerse del viento y se abre a sotavento, al sur, para sacar provecho de la abundante radiación solar mediante dos colchones térmicos (SE y SO); Se construyen duplicando la piel de los salones con otra piel de policarbonato que genera unos espacios de estancia con un rol térmico fundamental: En invierno actúan como captadores solares, el aire exterior es pre-calentado por el sol para minimizar el salto térmico con el que el aire limpio accede al sistema de climatización, que además cuenta con recuperadores de calor. En verano, evitan el sobrecalentamiento gracias a su geometría y a su capacidad de auto-ventilación, también pueden abrirse completamente actuando de terraza cubierta que protege del sol mientras permite el paso la ventilación cruzada a través de todo el edificio, favorecida además por los vientos dominantes.
Gracias a los colchones, los controlados huecos y el lucernario se consigue introducir una gran cantidad de luz natural que, reflejada en el hormigón de forjados y pavimento, refuerza la geometría de los espacios dotándolos de una calidez acogedora. Por la noche, el papel de la luz se invierte y los policarbonatos convierten al edificio en un elemento faro que llama la atención sobre el principal lugar de reunión del pueblo.
Situado en el área de influencia de la arquitectura mudéjar de Borja, Tarazona o Calatayud, se ha prestado especial atención a su integración tanto paisajística como culturalmente. Por ello, recupera el uso del ladrillo aplantillado con llaga ancha enrasada en la parte baja de las fachadas, desde el contacto con el suelo hasta los 2,70 m de altura configurando los muros sobre los que se apoya la cubierta. Ésta se entiende como una “carcasa” resuelta mediante tejas mixtas que cuya linealidad se prolonga y da la vuelta en vertical mediante el aparejo sin trabar de ladrillos lisos del mismo color para dar homogeneidad a la cubierta.
En el interior es la estructura la que potencia y evidencia el orden. Se ejecuta mediante forjados de nervio in situ de hormigón que muestran unas rítmicas costillas inclinadas en las naves y horizontales en los colchones. Tienen un papel subrayador las luminarias, suspendidas flotando en el plano virtual que a 2,70 separan los dos estratos. Por último, la utilización de un único pavimento continuo de hormigón acentúa el carácter flexible y extensible de todo el edificio.

Aparato, artefacto. Frente a la presunción despectiva o inanimada, proponemos un cacharro vivo y complejo, un cuerpo. Un dispositivo dinámico que puede albergar distintos sistemas y que está vivo gracias a su constante rearticulación. Un cacharro, cuyo origen etimológico es un cacho, una parte de un sistema más complejo. Un aparato que es arquitectónico en su capacidad de producir diferentes espacialidades: la propia y la común, la de los cuerpos, la de los artefactos entre sí. Esa relación entre cuerpo y cacharro, entre sujeto y objeto, entre vivo e inerte construye el soporte de esta propuesta de mobiliario expositivo. Una casa llena de cachivaches, de dispositivos vibrantes.
Estos once elementos son los objetos propios de La Casa de la Arquitectura. Construidos en chapa de acero inoxidable de 1,2mm son a la vez ventana y puerta, vitrina y mesa, estantería y pared. Pero también son divisores de espacios y acondicionadores acústicos. Y son, sobre todo, instrumentos expositivos. Cuerpos móviles que son soporte de esta y todas las futuras exposiciones que habitarán esta casa: La Casa de la Arquitectura. Y sus cacharros.

Herramientas destiladas del uso de los Big Data como avisos durante la emergencia, gestores tras el huracán y canales de participación durante la reconstrucción.
Hoy en día la cantidad de información generada cada dos día es comparable a toda la información generada por la Humanidad hasta 2003. Llevar un Smartphone en el bolsillo, pagar con tarjeta, hacer una búsqueda en Google, coger el autobús, etc. Todos estos actos de la vida cotidiana generan datos. Aprender a manejar una parte de esa gran cantidad de datos permitirá analizar, detectar, entender y atacar los desafíos urbanos que se nos presentan. La ciudad de Nueva York es sin duda el mejor laboratorio posible. De hecho, New York University (NYU) es la primera universidad del mundo que no sólo ofrece un master exclusivamente sobre las aplicaciones del Big Data en la arquitectura (Master of Science Applied Urban Science and Informatics) sino que además destina un centro íntegramente al tema, Center for Urban Science+Progress(CUSP).
Pero no sólo es interesante el lugar, sino también las circunstancias. En octubre de 2012, el huracán Sandy tocó tierra en 5 estados de la costa Este, causando innumerables daños. La ciudad de Nueva York fue especialmente castigada. No era el primer huracán que azotaba la ciudad, pero si que era el primero desde el uso masivo de las nuevas tecnologías y las redes sociales. La cantidad de datos generados durante la emergencia, en los días posteriores y durante toda la fase de recuperación, hacen de este lugar y estos condicionantes un caso paradigmático para entender el potencial de estas herramientas.
El estudio de este caso, complejo pero muy acotado en el espacio y el tiempo, mostrará el potencial infinito de las herramientas para ayudar a surgir una nueva manera de gestionar las ciudades basada en una interacción más fluida entre los agentes que le dan forma.

La generación nacida a partir de 1986 representa una nueva arquitectura en España. Después del crecimiento vertiginoso de la profesión desde la Expo de Sevilla y las olimpiadas de Barcelona, y de la posterior caída dramática durante la crisis económica global, los jóvenes arquitectos tuvieron que enfrentarse a una pandemia que dislocaba de nuevo cualquier deseo de estabilidad. Se trata de una generación formada durante los años más fructíferos de la profesión para estrellarse frontalmente con la realidad sombría que les esperaría después de la gran crisis de las hipotecas. Pasados más de diez años, estos arquitectos noveles se han reinventado construyendo un ecosistema tan feliz como precario en el que, a través de un cambio de formato, de escala y de objetivos, han podido desarrollar una creatividad de futuro.
Ecosistemas.zip —exposición de arquitectura beneficiaria de las Ayudas Injuve para la Creación Joven— propone una radiografía de este panorama emergente a través de una compleja red de relaciones que aúna las conexiones entre las distintas prácticas, sus referentes, sus colaboradores, sus amistades y sus trabajos. Esta extensa base de datos se obtiene a través de una convocatoria abierta en la que participan más de trescientos estudios, constituidos por más de seiscientas personas. Estas conexiones se cartografían para desvelar vínculos inesperados y áreas de influencia que propician nuevas formas de entender el futuro de nuestra arquitectura. Simultáneamente, este información permite analizar el tamaño de los estudios, la dedicación y la formación de sus socios y las áreas a las que dedican su actividad con el objetivo de capturar el estado actual de la profesión.
Analizada esta información, la exposición propone tres niveles de lectura: el primero, desgrana y clasifica los datos de los trescientos estudios; el segundo, ofrece una selección de sesenta estudios que destacan por la influencia y repercusión de su práctica o por su potencial de futuro; el tercero, reconoce a diez de esta última selección —Atienza Maure, Bear, Bonel Doriga, BURR, Cierto Estudio, Common Accounts, Hanghar, Horma, Lecumberri Cidoncha y Sarquella Torres— cuyo trabajo se entiende que es o será reflejo de esta generación, y prueba de la diversidad de una profesión que ya no solo trabaja en todas las escalas de la arquitectura, sino también fuera de ella.
A todos ellos se les pidió que describieran su práctica desde lo invisible, desde lo que queda oculto entre los bastidores de las obras terminadas y las fotografías retocadas: mecanismos de trabajo que dejan intuir procesos abiertos, en muchos casos incompletos o imperfectos. El propio diseño expositivo refuerza esta idea al plantear un acceso por la ‘puerta de atrás’ que muestra el dorso de los paneles explicativos, al mismo tiempo el reverso de unos tabiques de cartón-yeso que dejan visto el aislante acústico habitualmente escondido. El visitante debe atravesar toda la exposición hasta al final y solo al darse la vuelta encuentra toda la información. Puede entonces desandar el camino y profundizar en estos procesos de trabajo, que no son más que la búsqueda de nuevas maneras de entender la arquitectura más allá de la tradicional asociación a las obras construidas.

La casa JA! es una secuencia de situaciones. Una sucesión de espacios y de rincones que comparten el objetivo de generar lugares donde disfrutar y compartir. Lo principal, lo central: es el salón; por allí pasa todo. Esta pieza es pasante, comunica el jardín delantero (de acceso y de invierno) con el jardín trasero (de estancia y de verano). Desde que se accede a la parcela se percibe la secuencia de jardín-casa-jardín.
Mientras crecen los árboles de hoja caduca del jardín delantero, el porche hace la función de protección, una sombra para el verano que absorbe el golpe de calor y lo evacúa para que no llegue al interior.
El salón es una pieza alta y a un agua para que el aire caliente ascienda y pueda ser evacuado por un sistema sencillo (sonda + ventilador) creando confort para el verano. Desde él se controla todo, está flanqueado por dos muros equipados, el de ladrillo aloja el paso a los dormitorios, los armarios y el inodoro. Al otro lado, el muro es de comunicaciones, conecta con el garaje, con la cocina y con el porche de la barbacoa mediante una ventana-barra. Al fondo, prácticamente la mitad de la parcela se convierte en un pradera con piscina, protegida de la calle. Esta cara noreste más fría y húmeda introduce la humedad necesaria para generar una sensación de frescor en las noches de verano. De hecho, la banda de dormitorios, se articula mediante un pasillo que va de fachada a fachada, oponiendo dos puertas que permiten que el aire discurra barriendo los pies de las camas. Las mosquiteras se encargan de asegurar la noche mientras que las contraventanas de lamas garantizan su funcionamiento en la siesta. El pasillo atraviesa un baño atomizado que maximiza el uso sin multiplicar las piezas. La banda oeste se destina al garaje -que forma parte de la volumetría general-, del aseo exterior y del porche trasero, el de verano.
El uso de los materiales cerámicos articula y enfatiza los espacios, en la zona de los dormitorios es un zócalo que cuando vira hacia los porches coge toda la altura, incluso se introduce al interior. El ladrillo, semi-manual, visto, con llaga ancha, tiene la cualidad de absorber cierto grado de humedad, lo que permite prolongar la situación de confort. Este efecto, permite un desayuno agradable en la entrada y hasta una merienda fresca en el porche trasero. En el interior, los techos con la bovedilla cerámica vista, también refuerzan este efecto. El pavimento, cerámico, se extiende como una alfombra hacia el acceso, convirtiéndolo en una extensión del mismo ancho del salón al porche y al camino de entrada. La cubierta de teja mixta se microventila para evacuar el calor y evitar que llegue al interior. Y toda ella está rematada por ladrillo, desde el alero escalonado, hasta los remates laterales y los aliviaderos de crecida del canalón.
Y es que el ladrillo se convierte en un recurso expresivo que junto con las contraventanas de color añil, la volumetría y los grandes paños blancos reconectan la vivienda con la vivienda tradicional manchega. Las ventilaciones, la imagen más reconocible de la casa -pues es casi lo único que asoma a la calle- recupera el tradicional “suspirón”. El ladrillo también se convierten en rejillas para la cámara sanitaria, en alfeizares y en umbrales mediante sardineles. Y el color añil, tan característico de los zócalos manchegos, se lleva a las contraventanas. De esta forma, la paleta tradicional se matiza pero no se amplía.
El resultado es una vivienda donde pasar buenos ratos, juntar a toda la familia; Donde sus moradores más pequeños juegan al bádminton en el salón, el cúal también cruzan en bicicleta en un circuito indoor-outdoor. O incluso montan una gran cama elástica en el garaje. Un lugar donde disfrutar y compartir.
“No la toques ya más, que así es la rosa”. La arquitectura popular manchega es como es. Quererla “mejorar” añadiéndole aleros, impostas, jambas, balcones, rodapiés…, es vestirla de máscara , ridiculizarla, descomponerla.
Arquitectura popular manchega.
Miguel Fisac