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Ubicada en un polígono industrial, esta nave cumple las funciones de taller de escultura, grabado y pintura del artista Paco Corell. También aloja una galería en el sótano, junto a su almacén de obras propias.
La planta se divide en dos bandas longitudinales que van desde el frente de la calle al muro medianero trasero. La de menor ancho tiene dos plantas, donde están las circulaciones, el patio interior, el taller de grabado y pintura y los servicios. En cambio, toda la banda de ancho mayor se desarrolla a doble altura y está el taller de escultura. Dicho espacio se eleva por encima del otro cuerpo captando la luz natural en toda su longitud. Se han dejado sendos patios en los extremos, retranqueados de los límites de la parcela, para los trabajos de oxidación de las esculturas de acero que elabora el escultor.

El proyecto se plantea como una solución en esquina que remate así la manzana inacabada donde se ubica la farmacia. No entendemos por tanto la solución adoptada como un ejercicio de fachada, sino como una solución urbana. Apoyando esta idea se considera necesario no solo responder a la intervención en planta baja, la cual ubica el uso de farmacia, sino que se opta por alcanzar una altura de cornisa de planta baja más dos, colmatando de este modo la esquina.
Puesto que una farmacia en este tipo de poblaciones de baja densidad se comporta como un equipamiento sanitario de pequeña escala, consideramos que el vidrio empleado en toda la altura de la fachada, refleja el aspecto higiénico y técnico que requieren estos usos. Además, el vidrio nos aporta la capacidad que tiene para integrarse en el entorno próximo mediante su neutralidad, abstracción, luminosidad y reflejos del entorno próximo, como son la iglesia y la plaza del pueblo. Por tanto, la materialización apoya la idea de singularizar esta esquina.

La casa canaria existente ubicada en un pequeño montículo condicionó la disposición de las nuevas edificaciones para organizar el amplio programa requerido para este restaurante de cocina creativa canaria. A ella se añadieron tres volúmenes: uno de vidrio sobre estructura de acero delante de la casa, otro de obra en la parte trasera y otro de hormigón visto como pieza de recepción y atracción desde la carretera en forma triangular.
Las construcciones nuevas se destinaron a zonas de servicio en la zona trasera y a comedor en la parte delantera. Estos volúmenes se construyeron de menor altura y separados de la existente. El volumen de hormigón alberga los baños a modo de mirador sobre el mar y las vistas lejanas de la vecina isla de Fuerteventura. En la preexistencia, una casa canaria rural con disposición en forma de "L", se pusieron los espacios de recepción, bar y dos comedores independientes.
Se da pues una coexistencia entre lo nuevo y lo antiguo, de igual manera que en lo gastronómico se tiende al maridaje entre las materias primas autóctonas y los nuevos productos y técnicas actuales de la nueva cocina.






PRINCIPIOS EDITORIALES DEL PROYECTO BASA
Partimos de la asunción de que la arquitectura no es un hecho aislado, sino que forma parte de procesos complejos y globales. Por consiguiente, cada número presenta una investigación sobre dichos procesos, siendo su aproximación temática. Así pues, hemos tratado los temas que afectan directamente al territorio y a la arquitectura local de Canarias, pero cuyo interés transciende las fronteras locales para interesar a un ámbito global.
Todos los temas se abordaron desde la diversidad, heterogeneidad, pluralidad y complejidad con aportaciones multidisciplinares (antropólogos, sociólogos, urbanistas, arquitectos, artistas, fotógrafos, etcétera).
La aportación desde la fotografía de autor, con su propia fuerza narrativa, ofrece una nueva mirada sobre los fenómenos tratados, siendo la colección de estas potentes imágenes las que consolidaron la importancia e interés de la revista a nivel internacional.
La revista fue más allá de su edición en papel, pues pensamos que la arquitectura y las preocupaciones territoriales deben debatirse también en la sociedad y con la ciudadanía. Por ello, organizamos y participamos en actos culturales como la Bienal de Arte de Lanzarote, y exposiciones en varios de los centros culturales del archipiélago canario.
Igualmente quisimos involucrar en la revista a los estudiantes de arquitectura y arquitectos de Canarias en el desarrollo de las investigaciones de cada número. Por ello se organizaron varias convocatorias de concursos, y se invitaron a los especialistas en cada materia a participar en los números.
En definitiva, Basa fue un proyecto desarrollado y planteado desde la ultra-periferia, pero cuyo alcance y repercusión se situó en los centros de los debates internacionales. Prueba de ello fue que recibió una mención en los premios FAD de Crítica y Pensamiento de 2009.


El edificio se inserta en una parcela con una considerable incidencia en el entorno, por las diversas perspectivas que ofrece el cruce entre el paso peatonal que conecta la Minilla —nuevo barrio residencial en la loma— con Guanarteme —barrio tradicional situado entre la loma y la playa de Las Canteras—. En el proyecto se refuerza formalmente esta esquina y las fachadas se formalizan de manera singular. En las plantas de vivienda, se producen unos giros respecto de la alineación inicial de las calles, dando un remate a la pequeña manzana compuesta, principalmente, de vivienda unifamiliares en hilera. Al mismo tiempo, dicha inclinación mejora las vistas interiores de las habitaciones buscando las perspectivas hacia el mar y hacia La Isleta.
La solución de fachada también da respuesta a este paso peatonal nuevo, considerándolo como un pequeño espacio público. Esta fachada da a norte, con lo cual no hay sombras. Por ello, se provocan unos efectos en ésta partiendo de dos colores similares —rojo y naranja— que crean cierta tensión entre ellos. El color es una de las señas del barrio de Guanarteme y de los barrios de autoconstrucción de Canarias en general. Por ello, nos parece una solución idónea como acabado de un edificio situado en un entorno con raíces populares.







Teniendo en cuenta lo que representa la calle Benito Pérez Galdós en el núcleo histórico de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, el principal objetivo fue dar una imagen unitaria a toda la planta baja del edificio en esquina donde se ubica el restaurante. Para ello estudiamos la excelente tradición constructiva de los cerramientos de las cancelas de este barrio emblemático de Triana. Nos decantamos por la utilización de la cerrajería frente a la carpintería de aluminio, considerando su mejor integración en los alrededores. La idea fue trenzar un entramado irregular, a modo de bordado metálico, que envuelve tanto el portal de acceso a las viviendas como a las diferentes fachadas del local en esquina.
Como indica su propio nombre, La Cruciata, la idea de la cruz, como cruce de caminos, de líneas, está presente desde la construcción de la fachada hasta en el diseño de la iluminación del techo.

El proyecto consistía en reformar un diminuto y oscuro apartamento de los años 60 en la costa Blanca en un espacio luminoso, otorgando una mayor sensación de amplitud. La intervención se centró en conseguir la nueva sensación espacial a través de no llegar los muros divisorios hasta el techo, sino hacerlos transparentes a partir de un metro y medio de altura en toda la intervención. Con ello se consiguió introducir luz natural en todo el espacio y lograr visuales diagonales en toda la planta consiguiendo el efecto de estar en una habitación más amplia.
Otro reto fue el de introducir la luz en el baño y permitir desde éste la visión del exterior, mediante espejos, que a su vez duplican el espacio y abren nuevas perspectivas.
Para aumentar la percepción de habitar un espacio mas holgado que el preexistente, se conectaron todas las piezas dejando una circulación continua entre el dormitorio, el baño, la cocina y el salón comedor.



La parcela está situada en una ladera con vistas hacia las montañas próximas y a la lejana línea del horizonte, que es hacia donde se abre la vivienda. En contraposición a las edificaciones existentes de la zona —los chalets de la costa levantina que caricaturizan los elementos de la arquitectura rural—, esta vivienda se proyecta desde la abstracción formal de dichos elementos tradicionales como son los porches como secaderos de las uvas pasas (llamados riu-rau) y la simplicidad constructiva de los muros de carga resuelta en una sola crujía estructural.
Dados los requerimientos de los propietarios, una joven pareja que disponían de un bajo presupuesto, se opta por resolver el programa en una sola planta y un sótano para dar cabida al garaje. La normativa urbanística exigía que un 50% de la cubierta fuera inclinada y de teja "árabe", lo cual llevo a resolver la cubierta con un plano inclinado acusado por el color azul en contraposición al blanco general de la edificación. Gracias a esta operación se pudo hacer un altillo, desde el cual se puede acceder al resto de cubierta plana a modo de solarium.