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12 CAUTIONARY URBAN TALES | Arquia - Centro de Documentación

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12 CAUTIONARY URBAN TALES

BURR

IMÁGENES

Descripción

La exposición Doce fábulas urbanas, basada en el texto Twelve cautionary tales for christmas escrito por Superstudio en el año 1971, busca ser "una herramienta que nos ayude a repensar cuál es nuestro papel en la construcción de la ciudad", en palabras de Ethel Baraona, comisaria de la exposición. A partir de doce intervenciones que ponen el foco sobre distintos aspectos de la sociedad y su relación con el entorno urbano, Doce fábulas urbanas revisa utopías y distopías en relación a la ciudad futura.

La estrategia expositiva recoge la idea primigenia de ciudad como límite: el marco físico y normativo en el que se crea ciudadanía. La propuesta delimita un espacio dentro del espacio expositivo de Matadero Madrid en el que se concentran las intervenciones. En consecuencia, aparece un gran espacio intermedio que no llega a constituir exterior, pero tampoco interior: un umbral extendido que rodea la exposición. Un espacio de tránsito, en penumbra, que permite al visitante evaluar la muestra desde fuera y buscar vías alternativas para iniciar el trayecto propuesto. Una escalera guía al visitante desde este umbral hasta una plataforma que se eleva por encima del muro, desde la que poder evaluar el conjunto expositivo tomando un punto de vista distante.

El interior del recinto se estructura mediante una retícula ortogonal interrumpida por el límite propuesto. Un tablero que otorga una casilla a cada una de las intervenciones y restringe el movimiento del visitante marcando distintas opciones para recorrer la exposición. Estas divisiones toman forma de malla tridimensional que se conforma como estructura de apoyo para cada una de las piezas, así como para la gráfica de la exposición, compuesta por estandartes, banderolas y textiles de gran tamaño. La materialidad también busca provocar una experiencia urbana, tomando como referencia los cerramientos metálicos temporales con los que habitualmente se delimitan las obras civiles en la vía pública, formando superficies continuas que en algunos casos se extienden a lo largo de varios kilómetros.

Doce fábulas urbanas construye una idea de ciudad a partir de diferentes proyecciones de futuro, invitando al visitante a crear su propia narrativa.

Autoría y colaboradores

Autor

Ramón Martínez Pérez
Elena Fuertes González
Jorge Sobejano Nieto
Alvaro Molins Jiménez

Información

Dirección

MATADERO MADRID, MADRID, MADRID, ESPAÑA

Fecha de inicio

2020-01-11

Fecha de fin

2020-12-01

Superficie construida

450

Tipo de uso

Escenografías

Sección

Próxima

VIII Edición 2020-2021
2022
CATALOGADA

PLANOS

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GUATA
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GUATA

Guata es un proyecto de recepción para el Centro de Arte Dos de Mayo de Móstoles.

El Centro de Arte Dos de Mayo se ha caracterizado prácticamente desde su creación por ser un museo con una marcada intención por ser un centro abierto, accesible, que permea con su entorno inmediato, evitando convertirse en un centro deslocalizado perteneciente a la élite intelectual de la capital. Se define como "institución blanda: una baja institucionalidad que permite la entrada a todo cuerpo posible" en palabras de Manuel Segado, director del CA2M entre los años 2016 y 2023. El proyecto para su nueva recepción parte de esta premisa del museo como un espacio de intimidad y proximidad con el visitante.

En concordancia con esta idea de centro abierto, su actividad desborda los límites habituales de lo que asociamos a un museo, siendo sede de festivales de música, talleres educacionales de muy distinto tipo, conferencias, grupos de trabajo, espacios de cultivo, espacios de estudio y lectura y, por supuesto, exposiciones. Partimos por tanto de un recibir ampliado y diverso, difícil de unificar en un elemento estático.

La propuesta buscó por tanto recoger estas premisas en un objeto dinámico, cambiante, con capacidad de reacción ante de agenda propuesta por el CA2M.

Guata funciona como un santo al que vestir: se trata de una estructura alámbrica con una cobertura cambiante; un vestido para cada temporada. Una clara diferenciación entre lo duro, el hueso y lo blando, la piel.

La parte dura se piensa como si fuera un esqueleto, que marca las líneas formales del cuerpo al que dará sustento, pero dejando una variabilidad formal relacionada con la masa que acabará de componer el cuerpo. En este caso se trata de una concatenación de elementos funcionales básicos llevados a su mínima expresión: una mesa, un mostrador y una estantería definidas por sus aristas alámbricas. Las conexiones entre estos elementos rompen con su sobriedad formal y funcional dando pie a la generación de nuevos volúmenes indefinidos, que difuminarán la silueta final. Estas conexiones se lacan en un color primario, verde primavera, marcando estas piezas como clave a la hora de leer este proyecto.

La parte blanda es la carne, la piel y el vestido. Se plantea un proyecto de temporada, es decir, una vestimenta acorde tanto con la temporada tanto a nivel climático como a nivel de programación de actividades del centro. Cada vestido responde al momento en que se encuentra el museo. La rigidez y la consistencia de cada tejido, genera una forma ligeramente distinta, pudiendo transmitir de forma distinta al visitante: cobijo, protección, seducción, provocación, etc.

El vestido con el que se inauguró esta pieza era un tejido carnoso, acolchado propio de abrigos y edredones. Se trata de un tejido guateado, término del que toma el nombre este proyecto: Guata. "A modo de una mesa camilla agigantada, deforme y tentacular, el mueble cobija a nuestras recepcionistas proporcionando el confort básico para poder realizar su función de cuidados." en palabras de Manuel Segade.

Guata es un proyecto de recepción cambiante, que busca su sitio y altera su aspecto en función del momento en que se encuentre el CA2M.

MSA. Mercado de San Antón
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MSA. Mercado de San Antón

A diferencia de otras estructuras de la ciudad como el Mercado de Vallehermoso o el Mercado de San Miguel, estructuras tradicionales que han pasado por un proceso de modernización de sus antiguos edificios, el Mercado San Antón cuenta con un continente contemporáneo, un edificio de nueva planta inaugurado en 2011 de reconocida calidad arquitectónica y una propuesta principalmente gastronómica y orientada al producto gourmet. Sin embargo, la Asociación de Comerciantes, detectando un cambio de interés en su público, más inclinado a situaciones mixtas entre compra de producto de proximidad y consumo gastronómico, plantea un concurso de arquitectura por invitación para renovar el mercado interiormente y poder adaptarlo a las demandas actuales.

Nuestra propuesta, ganadora de dicho concurso, plantea como principal intervención recuperar el núcleo central del mercado, transformándolo en una gran plaza, espacio de encuentro, foco de actividad e intercambio. Para ello se propone una estructura central que concentre la mayor parte de los puestos de abastos. Un núcleo centrado en el producto, en recuperar el mercar como foco principal. La estructura propuesta aúna en un único gesto varios puestos de mercado mediante al uso de un elemento continuo, que va tomando forma de mostrador, barra, urna o vitrina según las necesidades de cada puesto y producto. Una pieza de diseño contemporáneo basada en formas, elementos y materiales tradicionales, como son el granito o acero inoxidable, habitualmente usados por sus condiciones de durabilidad e higiene.

Esta estructura, se completa a través de un elemento común de cierre que funciona simbólicamente como bisagra entre el mercado de abastos (más diurno) y el gastronómico (más nocturno): una serie de seis cierres contrapesados, realizados con malla electrosoldada plegada sobre sí misma, que hace las veces de cartel elevable, mostrando los productos que se pueden adquirir allí cuando el puesto está abierto, y un cartel elevado, que ejerce de icono y punto de referencia para los momentos en el que el mercado tradicional está cerrado, pero el mercado gastronómico está en plena ebullición. Este gesto no solo tiene ambición de concentrar la atención y la actividad principal de la planta primera, sino que también pretende solucionar los problemas de circulación que presentaba la distribución anterior, dispuesta en galerías perimetrales. Por otra parte, para intervenir en los espacios de circulación y exterior de los puestos laterales, trabajamos de nuevo fundamentalmente en la redefinición estética y material de mostradores y rótulos de cada puesto, recuperando materialidad y soluciones propias de los mercados de abastos: carteles retroiluminados realizados en policarbonatos celulares translúcidos, mostradores de acero inoxidable, e incluso la recuperación y puesta en valor de barras de cuelgue tan propias de los puestos de mercado. En la misma línea, se diseña junto con Arkilum una familia de luminarias en chapa galvanizada ondulada que refuerzan el hilo conductor material, haciendo las veces de falso techo reflectante de las zonas comunes.

Las obras de reforma interior del mercado de San Antón se realizaron sin cerrar un solo día el espacio por completo, lo que exigió que el proyecto se descompusiera en muchas pequeñas piezas que pudieran prefabricarse para ser posteriormente instaladas en el mercado de forma fácil y rápida.

EULALIA. Elements for industrial recovery
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EULALIA. Elements for industrial recovery

Eulalia Gil es un proyecto de reactivación de un espacio industrial en la trama urbana de la ciudad de Madrid. Este proyecto forma parte de una serie cuya estrategia es la protección del patrimonio industrial de la ciudad a través de fórmulas de uso y ocupación que permitan prolongar su vida y evitar su derribo.

La actividad industrial en el centro la ciudad de Madrid ha ido perdiendo su peso paulatinamente en los últimos 30 años, hasta encontrarse en la situación actual, en la que dicho uso prácticamente ha desaparecido. Las causas son similares a las de muchos otros centros urbanos; por una parte la normativa de protección ambiental en términos de ruido y emisiones y por otra el aumento del valor del suelo, provocaron la emigración de estos usos a la periferia de la ciudad. Como consecuencia, las naves industriales urbanas han ido quedando obsoletas, siendo empleadas fundamentalmente por los pequeños gremios que todavía retienen estas propiedades. La mayoría de estos espacios, se encuentran en las plantas bajas de edificios residenciales, extendiéndose más allá del fondo del edificio e invadiendo el espacio de los patios de manzana. Tratándose ahora de una trama fundamentalmente residencial y comercial, que ya no requiere del uso de estos espacios de gran volumen y superficie, la normativa urbanística vigente busca recuperar los patios de manzana y por tanto el derribo de las estructuras que los ocupan. La herramienta empleada para ello es el cambio de uso, del uso industrial al uso residencial.
Un espacio industrial podrá convertirse en un espacio residencial siempre y cuando se cumplan una serie de requisitos descritos en la ordenanza municipal, tales como condiciones mínimas de iluminación, ventilación o accesibilidad. El cambio más drástico sin embargo supone la limitación del fondo de la edificación, que impide implantar el uso residencial en aquellas construcciones que invadan los patios de manzana, obligando a la demolición de las naves industriales que los ocupaban. El incentivo para realizar estos cambios de uso lo pone el mercado inmobiliario, provocando que el valor del suelo se pueda triplicar o cuadruplicar al convertirse en un espacio residencial, principalmente espoleado por la burbuja de los precios del alquiler que sufre la ciudad. Si bien parte de esta situación es comprensible, ya que existe una pretensión de mejora de las condiciones interiores de las manzanas residenciales, se condena la ciudad cada vez más a un uso unitario y a esta tipología a la desaparición. Elements for industrial recovery trata de dar con herramientas urbanísticas y arquitectónicas que permitan mantener estas estructuras en un contexto que quiere verlas desaparecer.


Eulalia Gil era un almacén de objetos dispares. Restos de propiedades familiares no reclamadas, muebles en desuso, libros en mal estado y muchos otros objetos. Un espacio determinado más por su contenido que por su condición de contenedor. De forma inconsciente ha sido esta condición la que guío el proyecto de reforma, un espacio condicionado esta vez por la colección de objetos de su nuevo habitante. Fotografías de gran formato, herramientas de trabajo, mobiliario rescatado y restaurado, una cocina proveniente de un restaurante en quiebra, un banco proveniente de una iglesia abandonada y plantas de distinto tipo y tamaño, entre los muchos objetos que componen la colección, generan distintas composiciones entre sí, haciendo que el espacio se comporte como un gran fondo.
En línea con esta idea, las intervenciones que no afectan directamente a la envolvente se tratan como objetos que se suman a esta colección. Concretamente se desarrollan una escalera y un portón para conectar y aislar un pequeño espacio de intimidad para el habitante, que contrastan con el resto de la nave por su color, materialidad y forma. El portón desliza entre la estructura y la escalera, rozando sin tocar los espacios de delimita, posibilitando el acceso de uno a otro a través de una pequeña puerta de paso, que recuerda a los portones industriales propios de este tipo de naves. La escalera de acceso se complementa con una barandilla compuesta por dos tubos amarillos que se señalan desde dentro y fuera de la habitación.
El resto del espacio se trata como un fondo neutro que ponga en valor el contenido, saneando las zonas necesarias a través de grandes parches de yeso o mortero de cal.


Eulalia Gil juega con la idea romántica del atelier, en el que el contenido cobra relevancia por encima del contenedor, centrando la experiencia en las distintas relaciones que los objetos que componen el espacio generan entre sí.