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B34 | Arquia - Centro de Documentación

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B34

ba-rro

Fotografías Maru Serrano

Descripción

B34 se concibe como un contenedor abierto. Una cierta holgura, el espacio suficiente para que algo pase, quepa o se mueva dentro. Un lugar disponible. 170 m² de superficie cubierta y 30 m² de patio exterior conforman una estructura capaz de alojar distintos usos y programas a lo largo del tiempo; flexible, adaptable, no especializada. Un soporte más que una forma cerrada.

Desde la arquitectura, el proyecto es claro y directo: recuperar, abrir y condensar. Tres operaciones precisas que organizan tanto la intervención material como la lógica espacial.

Recuperar una estructura existente dañada y envejecida supone asumir la preexistencia como punto de partida, no como obstáculo. La intervención no borra su pasado, sino que lo hace visible: consolida, refuerza y expone. Las técnicas constructivas y los materiales originales, hormigones, fábricas, pinturas, se mantienen y se muestran sin artificio. La arquitectura actúa aquí como mediadora entre lo que ya existe y lo que puede llegar a ser.

Abrir el espacio a la luz y al clima transforma radicalmente la experiencia de un interior que se vuelve exterior. Un lugar antes sombrío, compartimentado y cargado ahora luminoso, fluido y ventilado. La construcción de un vacío se convierte en pulmón del espacio. A través de un gran ventanal en esquina, este espacio es extensión del movimiento interior y establece una relación directa con una naturaleza próxima y cambiante que introduce los tiempos climático y meteorológico en el de la arquitectura.

Condensar los espacios servidores en un único volumen compacto, un único espacio programado que libera el resto de la planta. Este núcleo, estrecho y largo, organiza las instalaciones, los almacenamientos y los usos secundarios, permitiendo que el espacio principal permanezca continuo, abierto e indefinido. Su piel es la del revestimiento: piezas cerámicas abombadas introducen una escala de lo táctil cercana al cuerpo.

El resultado es un lugar esencial, donde la arquitectura no impone un uso, sino que acompaña. Un espacio que respira y muta con el uso. B34 no aspira a ser un objeto acabado, sino un soporte disponible: un marco abierto para que las cosas sucedan.

Autoría y colaboradores

Autor

Jorge Pizarro Montalvillo
Marta Badiola Ramos

Información

Dirección

C. de Belmonte de Tajo, 34, ESPAÑA

Fecha de inicio

2024-01-10

Fecha de fin

2025-01-20

Superficie construida

170

Coste por metro cuadrado

700

Geolocalización

48.000000000000000,48.000000000000000

Tipo de uso

Reforma

Sección

Próxima

X Edición 2024-2025
2026

Documentación gráfica

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“The journey of materials must not stop” Adam Dickinson.

Piedra del río próximo, madera caída de los bosques de la zona, o retales de una obra. De vuelta a los métodos previos a la construcción moderna, a utilizar lo que está cerca y a mano, lo que hemos dejado de ver por su cotidiana presencia o incluso lo que no tiene valor.

Hacer valer para uno mismo lo que para otros no es de provecho, buscar la idoneidad de las cosas, dejar de atender su morfología para ver sus propiedades materiales. Permitir que en la arquitectura los materiales puedan expresar sus propiedades y su capacidad, y que en esas cualidades oriente la aparición de nuevas formas. Entre las lógicas del reducir, reutilizar y reciclar, existe también un “volver”. Un rescatar, resignificar y pensarle un nuevo destino a algo que ya lo tuvo. Conferir a esa pieza otros fines también legítimos.

Esta, es la historia de un instante, un momento en el que ciertos elementos se juntaron para crear ese momento, y seguir con sus vidas después. Una cena alrededor de una gran mesa que duraría lo que durase este momento. Un momento, por favor. Unos bloques de hormigón que sobraron al construir ese muro, y unas planchas de tramex de una obra que aún no se van a instalar. La cercha. Con unos cables de acero colgamos las planchas de la cercha, y con unas cinchas atamos a los contrapesos que hacen los bloques, y en un momento, aparece lo que podría ser una mesa que no se apoya abajo sino arriba, un columpio con frenos de hormigón, que mañana será muro, suelo, o polvo. Una mesa eventual, sin morfología de mesa, enunciada en la suma de sus elementos, productos industriales ideados para otros fines.

Una mesa con agujeros, no del todo práctica, no del todo cómoda, y que nos hace reflexionar sobre la comodidad, ese término construido culturalmente a través de las expectativas, rutinas y modas. Formas de evitar la necesaria fricción entre la arquitectura y el usuario. Por eso, de una mesa con agujeros, un menú para sus cavidades. Se comerá lo que no se cuele por sus agujeros o se ajuste a ellos, también lo que podamos apoyar sobre las baldosas que sobraron del baño, y que también sirvieron de carta de invitación. De la fiesta los nuevos restos, la cera de las velas naranjas derramadas sobre los bloques añaden una capa de historia en el camino de los materiales.

Trabajar con la piedra del río próximo, o con la madera caída de los bosques de la zona, con los residuos de obra acumulados en el estudio, con lo que dejamos de ver porque en el verlo todos los días se nos hace invisible. Jugar con lo disponible, experimentar bajo el escrutinio económico. Pensar desde las baldosas encontradas, el cemento y la piedra, restos que ni siquiera ostentan categoría de ruina. Un método que busca en la inutilidad de las cosas una nueva ética de la atención, figurar sus posibles futuros más allá de un pasado que los determine y, en las periferias de la convención, fertilizarlas con ideas sencillas y concluyentes, adecuadas tanto a su fatiga material como a su alegre resurgir práctico. Operaciones menores de una arquitectura menor, acciones de pequeño alcance pero gran efectividad para la construcción de espacios dentro de los ya construidos.

BV9
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Reformar no es sólo corregir. Es descubrir, desarmar certezas y proponer otras formas de habitar.

La casa ya no se defiende del exterior. Una vista se abre donde antes había un muro ciego. La casa se despliega en todas direcciones, se conecta con la ciudad, con la luz. El horizonte, antes fragmentado, ahora se recorta en grandes paños abiertos.

En planta, una diagonal irrumpe en la estructura original, un reflejo de una estructura existente. Desvía recorridos, desplaza ejes, rompe la rigidez de la ortogonalidad heredada. Lo que eran límites ahora son transiciones.

Reformular la casa es repensar su equilibrio programático. No se trata de abrirlo todo sin medida. Diseñar no solo el objeto, sino también el vacío: las relaciones, las circulaciones, los estrechamientos y dilataciones. Planos que se desplazan, puertas que no son barreras, sino umbrales. Espacios que cambian según el momento, que se diluyen, desbordan o comprimen. Espacios líquidos en su estado más fluido. La personalidad de la casa acompañando los estados de ánimo de las personas que la habitan. Momentos de expansión que preceden a otros de recogimiento.

Pedirle a la materia que confirme una idea es proyectar sobre la materia. Cuando el proyecto antecede a la materia con la que acaba por construirse. Definir primero una idea y después el material con el que formalizarla. La materia como medio. La materia ejecutando. Podría ser esto, o lo otro. Y entonces aparece la madera como solución adecuada. Madera como abstracción, como textura en plano geométrico, como todo lo contrario a lo que es en su estado natural. Tecnología aplicada. Tan parecida al acero inoxidable.

Y luego viene el color, y los colores, que singularizan, delimitan donde no hay límites, señalan, y se hacen oír. Más color.

El riesgo calculado está en cada gesto. Respetar lo que la casa era sin miedo a transformarla. Desafiar la lógica constructiva sin traicionar su esencia. Nuevos objetos y materialidades que conviven con la preexistencia. Mantener la memoria para permitir un futuro.

Reformar no es sólo corregir. Es descubrir, desarmar certezas y proponer otras formas de habitar.

La casa ya no se defiende del exterior. Una vista se abre donde antes había un muro ciego. La casa se despliega en todas direcciones, se conecta con la ciudad, con la luz. El horizonte, antes fragmentado, ahora se recorta en grandes paños abiertos.

En planta, una diagonal irrumpe en la estructura original, un reflejo de una estructura existente. Desvía recorridos, desplaza ejes, rompe la rigidez de la ortogonalidad heredada. Lo que eran límites ahora son transiciones.

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Y luego viene el color, y los colores, que singularizan, delimitan donde no hay límites, señalan, y se hacen oír. Más color.

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