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RASCON23 | Arquia - Centro de Documentación
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RASCON23

ba-rro

Fotografías Luis Diaz Diaz

Descripción

Emplazada en el interior de una parcela del barrio de Carabanchel, el acceso a esta recóndita vivienda requiere atravesar un patio de manzana rodeado de casas bajas, pequeñas construcciones de una única planta y tejados rojizos a un agua. Un entorno que remite a otro lugar y a otro tiempo. Si bien tal vez no a otra época, sí a otro ritmo, a una cadencia que va dejando la ciudad en suspenso.

Este suspenso y aplomo se enuncia en la propia naturaleza vertical de la vivienda. En el interior, el proyecto busca resolver esa tendencia a través de un único cuerpo que concentra las instalaciones de la casa y su equipamiento básico: un mueble que es en su primera cara cocina da lugar en su dorso a una escalera, esconde un baño y encima monta un altillo.

El desarrollo de planta es escaso, apenas treinta metros cuadrados de huella, pero la altura alcanza casi los siete, que se logran subiendo uno, dos, tres tramos breves de escaleras, para encontrarse primero con un altillo-despacho en tablero de DM verde que en su inversión cromática señala el lugar como casa del árbol.

La elección de los materiales empleados en crudo, acerca la intervención a una materialidad que parece la más pertinente a las sucintas dimensiones del lugar, propiciando en él rincones que dialogarán con los cuerpos habitantes, templando los espacios movimientos y conductas humanas.

En la entreplanta, más cercana al techo que al suelo, en vecindad con la estructura de vigas y bovedillas, la vista alcanza medio Madrid a través de los amplios ventanales, mientras la escalera, que era sólida en su base para ofrecer almacenamiento, se aligera en este segundo tramo para invitar la entrada de la luz del sur.

El siguiente paso, siempre ascendente, es el dormitorio, una estancia hermanada a una terraza franca y tajante en su falta de ceremonia, veinte metros cuadrados, el espacio más amplio de la casa, que se resume como un salón de estío abierto en balaustrada al horizonte dual de la sierra y la metrópoli.

Autoría y colaboradores

Autor

Jorge Pizarro Montalvillo
Marta Badiola Ramos

Información

Dirección

CALLE, Rascon, 23, 28019, MADRID, MADRID, ESPAÑA

Fecha de inicio

2022-06-16

Fecha de fin

2024-09-13

Superficie construida

45

Coste por metro cuadrado

600

material

Madera

Tipo de uso

Reforma

Sección

Próxima

IX Edición 2022-2023
2024

Documentación Gráfica

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Reformar no es sólo corregir. Es descubrir, desarmar certezas y proponer otras formas de habitar.

La casa ya no se defiende del exterior. Una vista se abre donde antes había un muro ciego. La casa se despliega en todas direcciones, se conecta con la ciudad, con la luz. El horizonte, antes fragmentado, ahora se recorta en grandes paños abiertos.

En planta, una diagonal irrumpe en la estructura original, un reflejo de una estructura existente. Desvía recorridos, desplaza ejes, rompe la rigidez de la ortogonalidad heredada. Lo que eran límites ahora son transiciones.

Reformular la casa es repensar su equilibrio programático. No se trata de abrirlo todo sin medida. Diseñar no solo el objeto, sino también el vacío: las relaciones, las circulaciones, los estrechamientos y dilataciones. Planos que se desplazan, puertas que no son barreras, sino umbrales. Espacios que cambian según el momento, que se diluyen, desbordan o comprimen. Espacios líquidos en su estado más fluido. La personalidad de la casa acompañando los estados de ánimo de las personas que la habitan. Momentos de expansión que preceden a otros de recogimiento.

Pedirle a la materia que confirme una idea es proyectar sobre la materia. Cuando el proyecto antecede a la materia con la que acaba por construirse. Definir primero una idea y después el material con el que formalizarla. La materia como medio. La materia ejecutando. Podría ser esto, o lo otro. Y entonces aparece la madera como solución adecuada. Madera como abstracción, como textura en plano geométrico, como todo lo contrario a lo que es en su estado natural. Tecnología aplicada. Tan parecida al acero inoxidable.

Y luego viene el color, y los colores, que singularizan, delimitan donde no hay límites, señalan, y se hacen oír. Más color.

El riesgo calculado está en cada gesto. Respetar lo que la casa era sin miedo a transformarla. Desafiar la lógica constructiva sin traicionar su esencia. Nuevos objetos y materialidades que conviven con la preexistencia. Mantener la memoria para permitir un futuro.

Reformar no es sólo corregir. Es descubrir, desarmar certezas y proponer otras formas de habitar.

La casa ya no se defiende del exterior. Una vista se abre donde antes había un muro ciego. La casa se despliega en todas direcciones, se conecta con la ciudad, con la luz. El horizonte, antes fragmentado, ahora se recorta en grandes paños abiertos.

En planta, una diagonal irrumpe en la estructura original, un reflejo de una estructura existente. Desvía recorridos, desplaza ejes, rompe la rigidez de la ortogonalidad heredada. Lo que eran límites ahora son transiciones.

Reformular la casa es repensar su equilibrio programático. No se trata de abrirlo todo sin medida. Diseñar no solo el objeto, sino también el vacío: las relaciones, las circulaciones, los estrechamientos y dilataciones. Planos que se desplazan, puertas que no son barreras, sino umbrales. Espacios que cambian según el momento, que se diluyen, desbordan o comprimen. Espacios líquidos en su estado más fluido. La personalidad de la casa acompañando los estados de ánimo de las personas que la habitan. Momentos de expansión que preceden a otros de recogimiento.

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“The journey of materials must not stop” Adam Dickinson.

Piedra del río próximo, madera caída de los bosques de la zona, o retales de una obra. De vuelta a los métodos previos a la construcción moderna, a utilizar lo que está cerca y a mano, lo que hemos dejado de ver por su cotidiana presencia o incluso lo que no tiene valor.

Hacer valer para uno mismo lo que para otros no es de provecho, buscar la idoneidad de las cosas, dejar de atender su morfología para ver sus propiedades materiales. Permitir que en la arquitectura los materiales puedan expresar sus propiedades y su capacidad, y que en esas cualidades oriente la aparición de nuevas formas. Entre las lógicas del reducir, reutilizar y reciclar, existe también un “volver”. Un rescatar, resignificar y pensarle un nuevo destino a algo que ya lo tuvo. Conferir a esa pieza otros fines también legítimos.

Esta, es la historia de un instante, un momento en el que ciertos elementos se juntaron para crear ese momento, y seguir con sus vidas después. Una cena alrededor de una gran mesa que duraría lo que durase este momento. Un momento, por favor. Unos bloques de hormigón que sobraron al construir ese muro, y unas planchas de tramex de una obra que aún no se van a instalar. La cercha. Con unos cables de acero colgamos las planchas de la cercha, y con unas cinchas atamos a los contrapesos que hacen los bloques, y en un momento, aparece lo que podría ser una mesa que no se apoya abajo sino arriba, un columpio con frenos de hormigón, que mañana será muro, suelo, o polvo. Una mesa eventual, sin morfología de mesa, enunciada en la suma de sus elementos, productos industriales ideados para otros fines.

Una mesa con agujeros, no del todo práctica, no del todo cómoda, y que nos hace reflexionar sobre la comodidad, ese término construido culturalmente a través de las expectativas, rutinas y modas. Formas de evitar la necesaria fricción entre la arquitectura y el usuario. Por eso, de una mesa con agujeros, un menú para sus cavidades. Se comerá lo que no se cuele por sus agujeros o se ajuste a ellos, también lo que podamos apoyar sobre las baldosas que sobraron del baño, y que también sirvieron de carta de invitación. De la fiesta los nuevos restos, la cera de las velas naranjas derramadas sobre los bloques añaden una capa de historia en el camino de los materiales.

Trabajar con la piedra del río próximo, o con la madera caída de los bosques de la zona, con los residuos de obra acumulados en el estudio, con lo que dejamos de ver porque en el verlo todos los días se nos hace invisible. Jugar con lo disponible, experimentar bajo el escrutinio económico. Pensar desde las baldosas encontradas, el cemento y la piedra, restos que ni siquiera ostentan categoría de ruina. Un método que busca en la inutilidad de las cosas una nueva ética de la atención, figurar sus posibles futuros más allá de un pasado que los determine y, en las periferias de la convención, fertilizarlas con ideas sencillas y concluyentes, adecuadas tanto a su fatiga material como a su alegre resurgir práctico. Operaciones menores de una arquitectura menor, acciones de pequeño alcance pero gran efectividad para la construcción de espacios dentro de los ya construidos.