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Un refugio urbano. Casa Patio en Salou | Arquia - Centro de Documentación
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Un refugio urbano. Casa Patio en Salou

NUA arquitectures

Un refugio urbano. Casa Patio en Salou

Descripción

“No debió de ser muy diferente en Ur hace 5.000 años: los mismos ladrillos creados laboriosamente... los mismos espacios alrededor de un patio, los mismos muros, la misma transición de la luz a la oscuridad, el mismo frío después del calor, las mismas noches estrelladas, los mismos miedos, los mismos sueños...”. Aldo van Eyck.

La proliferación de urbanizaciones de baja densidad no para de aumentar, y con ello, la perpetuación de un modelo de ciudad genérico poco sostenible que consume demasiado suelo y recursos energéticos, y que construye una imagen urbana y un espacio público de escaso interés, monopolizado por la presencia de las vallas y los volúmenes variopintos de las distintas viviendas aisladas. En este caso, la urbanización de viviendas se dispone alrededor del Parque Arqueológico de la Villa Romana de Barenys, un edificio del siglo I a.C. destinado a la producción de cerámica para la construcción y la producción de ánforas para exportar el vino tarraconense. ¿Cómo afrontar entonces el proyecto de una vivienda en este contexto?

En continuidad con la cultura de los patios y el modo de habitar en los climas mediterráneos, recuperando la memoria latente de las villas romanas que articulaban el territorio agrícola del Ager Tarraconensis alrededor de la Salauris romana, ciudad conocida por su puerto estratégico, y con la intención de evocar las vivencias de infancia de Maria José entre las sombras vegetales, las albercas y los naranjos de los patios andaluces, se propone una casa patio, una casa introspectiva que acoja un oasis en su interior. Una vez más, los recuerdos y la memoria del lugar se activan para tratar de evadir una realidad inexorable.

La casa se articula a través de un único espacio fluido en planta baja que gravita alrededor de un atrio, la habitación central de la casa, y el proyecto se centra en la exploración atemporal del habitar entre interior y el exterior, entre lo oscuro y lo luminoso, entre lo incierto y la seguridad. La cerámica, material utilizado históricamente en la ciudad desde la época romana hasta la aparición de las primeras casas modernistas de veraneo a principios del siglo XX, es el material de construcción elegido.

En el perímetro, un muro macizo de ladrillo texturado y colocado en distintos aparejos protege la casa del exterior y procura aislamiento térmico e intimidad, generando un muro perimetral masivo solamente perforado en puntos muy concretos mediante celosías y ventanas.
Esta suerte de muralla protectora de cerámica que evoca los perímetros masivos de las medinas, envuelve un espacio central totalmente abierto y transparente matizado por porches, celosías pronto cubiertas por sombras vegetales y mallorquinas correderas que gradúan las condiciones lumínicas y de temperatura.

El ágora, que se abre hacia el sureste en busca de la luz, es el centro de la casa, el escenario donde convergen todas las estancias, el lugar colectivo, el espacio de relación, y la vez, es también un espacio intermedio de control climático que además de garantizar la ventilación cruzada, las circulaciones fluidas, las visuales profundas y la buena iluminación de todos los espacios, multiplica las dimensiones de la vivienda y permite incorporar el espacio exterior en el interior, evitando que los espacios no construidos de la parcela se entiendan como un residuo, sino en continuidad con los espacios interiores. Este fragmento de exterior en el corazón de la casa permite conectar la vida doméstica con el cielo y apreciar el paso del tiempo.

La casa se estructura a partir del eje de acceso en la fachada noroeste, que se materializa a través de la secuencia espacial formada por el porche de entrada, el recibidor, el porche exterior y el patio central. Este itinerario de acceso conduce directamente hacia el exterior, sin apenas poder adivinar donde empieza la vivienda. A partir de este episodio de acceso transparente, un primer cuerpo contiene los espacios colectivos y los espacios de servicio, y al otro lado del eje, un segundo cuerpo, que puede funcionar de forma autónoma, aloja el dormitorio principal.

Estos dos cuerpos envuelven y convergen en el patio, el refugio que Maria José había soñado para compartir momentos importantes con la familia y los amigos, el espacio deseado que evocaba su tierra y sus raíces y conectaba con la memoria del lugar.

Autoría y colaboradores

Autor

Arnau Tiñena Ramos
Maria Rius Ruiz
Ferran Tiñena Guiamet

Arquitectos técnicos

Albert Vilà i Júlia Oriol

Constructor

Esteve Ferré

Ingeniería

Enric Sanz

Fotografía

Adriá Goula

Información

Dirección

CALLE, Ramon y Cajal, 1, Salou, TARRAGONA, ESPAÑA

Fecha de inicio

2018-10-02

Fecha de fin

2021-02-19

Superficie construida

455,87

Coste por metro cuadrado

1480

Geolocalización

41.083621500000000,1.122818700000000

material

Acero

Tipo de uso

Edificación

Sección

Próxima

VIII Edición 2020-2021
2022
CATALOGADA
Obra Seleccionada en la categoria de Proyectos de uso privado de la XII Biennal Alejandro de la Sota, Muestra de Arquitectura de Tarragona 2019-2021.

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La capacidad de las ciudades históricas para evolucionar y transformarse da lugar a escenarios urbanos ricos y complejos. En estos entornos multitemporales la memoria se encarga de cohesionar los diferentes estratos históricos que conviven en un mismo espacio formado a partir de un diálogo a través del tiempo. Resultado de todos estos procesos acumulados y gestada a través de acciones espontáneas se origina una ciudad heterogénea generada a través de la interacción de varios objetos y tejidos de tiempos y culturas diferentes que forman una unidad física y simbólica compacta y coherente.

La forma urbana del casco antiguo de Tarragona se fundamenta en el trazado de la acrópolis ciudad romana, situada en la cima de un pequeño promontorio frente al mar. Esta pequeña ciudadela amurallada se organizaba a través de tres plataformas escalonadas: el templo de Augusto en el punto más alto, dónde hoy se levanta la Catedral, la Plaza del Fórum, desde dónde se administraba la Provincia, y el Circo, en la terraza inferior. A partir de la estructura de la ciudad romana y a través de sucesivas transformaciones a lo largo de la historia, floreció un fragmento de ciudad complejo y diverso en el que la masa edificada, el espacio público actual, y el día a día de los ciudadanos conviven con los vestigios de la ciudad romana y las sucesivas transformaciones posteriores medievales, renacentistas y modernas.

Sin embargo, hoy día, el casco antiguo de Tarragona, como en muchas otras ciudades, se encuentra en una situación complicada entre la nostalgia y el abandono. La regeneración de la ciudad histórica y, sobretodo, de su substancia principal, la vivienda, es una obligación y una necesidad, por un lado porque es la parte de la ciudad que guarda su memoria y contiene los tejidos más interesantes, y, por otro, porque ofrece un modelo de ciudad compacto, denso, híbrido, humano y agradable que ofrece todo lo que desearía cualquier propuesta de ciudad eficiente y sostenible.

Mediona 13 es la rehabilitación de una de las numerosas casas deshabitadas del centro histórico de Tarragona, y la intervención consiste en reactivar la vivienda para permitir que su uso sea flexible, mejorar sus condiciones de habitabilidad haciendo llegar la luz natural y ventilación a todos sus espacios, e intentar preservar al máximo la esencia, la memoria, y el espíritu de la construcción existente reproduciendo los propios códigos de formación de la ciudad histórica, es decir, utilizando la superposición y la acumulación de las distintas capas del tiempo como herramienta de proyecto.

3 en 1. La vivienda está formada por una planta baja, tres plantas y un altillo. Cada planta corresponde a una unidad íntima que contiene espacios para cocinar y comer, limpiarse y descansar. A la vez, una gran variedad de aperturas interiores posibilitan la permeabilidad entre el espacio íntimo y el común, conformado por los accesos y salas colectivas. De este modo, las unidades pueden funcionar tanto de manera independiente, como en relación a las otras. La vivienda, pues, se puede entender como 3 casas en 1: una casa entre medianeras que puede acoger desde 3 pequeñas unidades de convivencia a una gran familia.

La vivienda se sitúa entre tres medianeras y una fachada en la calle Mediona, una calle estrecha situada sobre lo que un día fue la antigua Plaza romana del Fórum Provincial. La intervención sobre la casa se articula a través de dos estrategias fundamentales, conseguir que la luz natural y el aire lleguen a todos los rincones de la vivienda, y rehabilitar y re-adaptar la estructura de la casa a las necesidades de la vivienda contemporánea.

Por un lado, la mejora de la iluminación se consigue a través de una nueva puerta de acceso transparente en la calle que permite que la luz viaje por el corazón de la casa, la plaza interior que recibe a sus habitantes, y fluya a través de la escalera hasta las viviendas mediante una sucesión de nuevas ventanas interiores que, a la vez, proporcionan nuevas relaciones visuales entre los espacios comunes y las viviendas. En la parte posterior de la casa, se procede al ensanchamiento de un patio existente al que se le abren nuevas ventanas y puertas de balcón, permitiendo introducir luz en los espacios traseros, y permitiendo la ventilación cruzada de todas las viviendas. Las diversas ventanas interiores dejan que la que la luz se deslice por las fachadas de este atrio colectivo y llegue a todos los espacios.

Por otro lado, la estructura de vigas de madera y entrevigado cerámico sostenida por las medianeras se refuerza con parteluces, sustituyendo las vigas que por acción de las termitas no fue posible preservar. La escalera se refuerza con platinas y redondos que a la vez son su barandilla. Los muros de medianera se tratan y, donde es necesario, se desnudan para ser cosidos y consolidados. En estos muros se descubren colores que corresponden a las diversas vidas que ha tenido la casa y que son empleados en los nuevos elementos estructurales. El azulete es el color elegido para el espacio común de planta baja y la escalera, un color ya existente en esta zona de la casa y que tradicionalmente se empleaba por razones higiénicas en fachadas y aperturas como medida de protección frente a plagas y malos espíritus.

El proyecto propone un diálogo con las distintas capas del tiempo para construir un collage que acepta el juego y el azar.

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En un local en planta baja abandonado y ocupado durante mucho tiempo por una gestoría, se plantea una actuación para concederle una segunda vida transformándolo en un luminoso espacio gastronómico que pueda acoger, además de los servicios de cafetería y restauración, usos educativos y culturales que puedan contribuir a la activación de este barrio de la ciudad de Valls.

El espacio se sitúa entre medianeras y presenta dos fachadas, una completamente transparente que se abre a la calle, y otra, en la parte posterior, ocupada parcialmente por una nave industrial.

La primera acción del proyecto consiste en buscar la máxima transparencia transversal para que la luz natural pueda llegar a todas las esquinas del nuevo café. Mientras en la fachada posterior se conciben unas aberturas en la parte superior para iluminar y ventilar las zonas de servicio, la fachada urbana es permeable y se abre al espacio público desdibujando sus límites. Su sección se amplia para generar un espacio habitable tanto desde el interior como desde el exterior y permitir, a su vez, la apertura total de las carpinterías de cada uno de los dos ámbitos de acceso.

La segunda estrategia de la intervención consiste en descubrir la estructura existente de hormigón, que divide un único espacio diáfano en tres ámbitos domésticos abiertos: el jardín, el comedor y la cocina.

Jardín

El espacio de entrada es un cojín entre la calle y el espacio central del café. El techo textil de bóvedas invertidas nos transporta a una carpa, un espacio festivo interior, o una pérgola exterior que forma parte de un jardín. El diseño de mobiliario de distintas dimensiones y materiales y la incorporación de vegetación dan lugar a una zona distendida, dónde los más pequeños encuentran también su espacio de juego. Las cualidades interiores y exteriores del espacio están reguladas por las grandes carpinterías metálicas de entrada, que, a su vez, formalizan un banco y una mesa que se apropian de la calle.

Comedor

El espacio central está protagonizado por una mesa de grandes dimensiones, un espacio donde reunirse y compartir que permite acoger una gran diversidad de actividades. Un banco con distintas mesas recorre una de las medianeras, dando opción de disfrutar de una zona más íntima. La otra medianera contiene un mueble-mostrador de servicio y almacenaje.

Cocina

La tercera crujía contiene la cocina, que se abre al espacio central, los baños y las instalaciones. Para acoger los espacios técnicos el pórtico estructural se completa con bloques de hormigón. El muro de bloques se combina con superficies de vidrio translúcido, que mantienen la intimidad de los espacios de servicio y a la vez transportan la máxima luz posible al espacio central.

El resultado es un único espacio sin atributos esperando a ser colonizado por objetos y usuarios. Un ámbito polivalente dónde todo es posible.

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El barrio de Camp Clar, creado a principios de 1960 para alojar a los trabajadores de las empresas petroquímicas que aparecieron durante la industrialización de la ciudad, forma parte de esta familia de polígonos de rápida construcción que funcionan normalmente vinculados a las ciudades pero mantienen a la vez su propia autonomía y adoptan una morfología urbana clásica basada en la disposición orientada de grandes bloques aislados con plantas bajas libres y espacio público a su alrededor.

Con el paso de los años, Campclar ha ido acogiendo a las sucesivas llegadas de inmigrantes a la ciudad gracias a unos alquileres muy asequibles, convirtiendo el barrio en un espacio de convivencia entre distintas culturas con un alto índice de desempleo y problemas de integración social.

El nuevo centro de distribución de alimentos del barrio es una intervención mínima de iniciativa conjunta entre Cáritas diocesana y la parroquia del barrio, está gestionado íntegramente por voluntarios y pretende contribuir a mejorar las condiciones de vida de los vecinos más desfavorecidos.

El centro se sitúa en un terreno adyacente a la iglesia del barrio y fue diseñado para dar respuesta a tres exigencias básicas que desde el principio se consideraron imprescindibles: seguridad frente a intrusiones, un plazo de ejecución muy corto para poder acceder a una subvención y unos recursos económicos muy limitados.

De esta manera, fruto de la reflexión colectiva entre todos los agentes implicados, el proyecto fue diseñado y construido en tres meses (un mes y medio para elaborar el proyecto básico y de ejecución y un mes y medio de construcción) con un presupuesto de contrata de 634€/m2, contando con la colaboración de 120 voluntarios para realizar los acabados en una sola mañana.

El proyecto se concibió mediante una doble lógica industrial-artesanal que refleja las dos realidades que persisten en el lugar, y dialoga con sus vecinos a través de la materialidad y de algunos acentos geométricos que matizan su rotundidad volumètrica y le confieren escala y vibración.

Programáticamente el edificio se organiza en tres franjas: una zona de almacén vinculada al acceso rodado desde la calle, un ámbito de servicio que actúa como filtro, y un espacio de distribución vinculado al acceso peatonal desde la plaza de la iglesia, que actúa como punto de reunión previo al inicio del servicio de distribución. En este último espacio de distribución, los usuarios, que disponen de unos puntos según su situación económica y personal, realizan un recorrido donde eligen los alimentos que más necesitan.
La separación entre los tres espacios se realiza a través de dos divisiones situadas en la franja de servicio realizadas parcialmente con chapa deployé para conseguir la visión longitudinal de toda la profundidad del centro.

La naturaleza compacta y hermética del centro responde a requerimientos climáticos para el almacenamiento de alimentos y de seguridad. El edificio cuenta con dos entradas de luz natural permanentes, una ventana longitudinal en la fachada posterior protegida detrás de la celosía cerámica y un lucernario situado en una posición elevada. Cuando se realiza el servicio, el centro se abre a los usuarios permitiendo que el interior se inunde de luz natural.

Constructivamente se identifican fácilmente las dos lógicas que conviven en el edificio. En el eje longitudinal y en vinculación en el mundo industrial, la estructura se concibió como una secuencia de pórticos metálicos arriostrados cubiertos por dos cerramientos prefabricados continuos, tersos y ligeros que envuelven las fachadas laterales y la cubierta por el interior y por el exterior en toda su longitud, consiguiendo con este sistema disminuir costes y tiempo de ejecución.

En el eje transversal, en relación con el mundo artesanal y la materialidad del entorno, los muros interiores y exteriores perpendiculares se realizaron mediante elementos cerámicos de diferentes formatos y acabados colocados en distintas posiciones según sus requerimientos. La capa exterior de esta sucesión de muros paralelos la forma una piel cerámica porosa, rugosa, texturada y transpirable contextualizada con los edificios de la zona que vela porque el edificio se identifique plenamente con el barrio y el centro se perciba como una casa abierta a todos los vecinos.