Buscando en el catálogo...


A menudo, las conversaciones mejor intencionadas sobre los estudios doctorales se limitan a preguntar por la tesis. A nadie le debería sorprender. Al fin y al cabo, vivimos rodeados de enfoques reduccionistas que confunden el proyecto con el edificio, la investigación con el hallazgo, la cura con el medicamento o el sexo con el orgasmo. Por supuesto que el acto de defensa de la tesis tiene mucho de placentero, incluso de sudoroso si se celebra en verano, mas no se esperan sorpresas. Las discusiones intensas y los momentos de crisis ya ocurrieron durante los meses precedentes. Salvo contadas excepciones, la defensa siempre termina en palabras celebratorias del tribunal. Tras ellas, el doctor o doctora recién investido se hará la foto protocolaria con sus directores/as, su familia y, por supuesto, con su tesis. Pero no nos confundamos: el tocho no es lo importante.

Los pasados días 1, 2 y 3 de junio se celebró el III Congreso Internacional de la AhAU, la Asociación de historiadores de la Arquitectura y el Urbanismo que representa a integrantes de instituciones universitarias y centros de investigación. Si bien no contiene ningún indicativo nacional en su denominación, la AhAU se concentra principalmente en el ámbito académico español y portugués, haciendo énfasis en su conexión internacional e invitando a figuras extranjeras del calado del arquitecto francés Jean-Louis Cohen.

En 2022 el blog de Fundación Arquia cumple 8 años, un periodo en el que hemos vivido la articulación entre la eclosión de los blogs de la primera década de los 2000 y la actualidad con su diversidad de plataformas, canales y formatos. Pertenezco a la generación que está por cumplir su primera década de profesión durante ese tiempo, compartiendo en este blog un espacio digital de conversación junto a colegas tanto de mi misma quinta como de hermanas y hermanos mayores, de mentores. Este trigésimo texto que envío a su imprenta virtual representa una ocasión excepcional para repasar y hacer balance.

A día de hoy el Trabajo Fin de Grado o TFG se ha convertido en uno de los momentos más interesantes en la carrera de arquitectura: un punto de articulación entre los estudios básicos y el posgrado habilitante. En ese espacio intermedio, el TFG se define como un ejercicio de introducción a la investigación en el que los estudiantes cuentan con libertad para elegir entre temáticas variopintas, desde la historia antigua hasta la contemporaneidad más rabiosa. Es cada vez más común encontrar en ellos un interés por la relación entre la arquitectura y los videojuegos. Se trata de un camino no exento de cierta sensación de vértigo, ya sea porque se considere una elección atrevida o porque los tutores asignados no cuenten con experiencia en el tema. En esta casa llevamos años trabajando con videojuegos1 y desde nuestra experiencia podemos ofrecer al menos tres consejos básicos:

El pasado 22 de mayo se inauguró -con un año de retraso- la 17ª Bienal de Arquitectura de Venecia. La Bienal comisariada por Hashim Sarkis, decano desde 2015 de la Escuela de Arquitectura y Planeación de MIT, comprende una variada reunión de instalaciones y pabellones bajo el lema “Who will be live together?” (¿Cómo viviremos juntos?). Las palabras que van a continuación se escribieron el 22 de agosto, justo el equinoccio de su programación que será clausurada el 22 de noviembre: una ocasión lo suficientemente sugerente como para motivar un breve análisis.

Tras tratar en un post anterior el conocido mito de que para publicar en journals de impacto es necesario desembolsar grandes cantidades de dinero, quedó claro que pagar no es para nada obligatorio. Sí existen otros problemas más cotidianos, malas prácticas que agotan a investigadores de todas las etapas. Podrían identificarse al menos cuatro:

La idea de que se necesita pagar para publicar artículos académicos de impacto es uno de los tópicos más extendidos en la academia. Se comenta en los pasillos de las ETSAs, entre otras cosas, por culpa del limitado número de revistas españolas de arquitectura ranqueadas en índices JCR/SJR. Las revistas llamadas “depredadoras” (predatory) agravan esta idea, bombardeando a profesores, investigadores y doctorandos que oscilan entre la abnegación, la frustración y el rechazo absoluto. Al fin y al cabo, ¿qué sentido tiene estar en journals con tan poca audiencia en comparación con un periódico, un programa de radio, un canal de YouTube o un documental televisivo?

Esta es la tercera y última entrega de la serie de artículos dedicados a los retos que enfrentan los arquitectos y arquitectas de América Latina cuando homologan sus títulos en España. El primero implica planear la habilitación y decidir cuándo hacerla según los objetivos que se persiguen. El segundo reto supone comprender el proceso de habilitación, conocer qué titulaciones universitarias están implicadas y cómo se consigue cada una de ellas. El reto final es prepararse para el contexto en que sucede todo lo anterior.

En esta serie de artículos se presentan los tres retos principales a los que se enfrentan los arquitectos latinos a la hora de homologar sus títulos universitarios en España. El primero de ellos es planear para qué se desea utilizar la habilitación y cual será el momento adecuado para afrontarla. Una vez decididos el para qué y el cuándo, será necesario conocer el cómo.

El mundo sigue teniendo puertas. A pesar de crisis mundiales como la actual, la globalización sigue su curso y tarde o temprano llega el momento de cruzar una de ellas. A los arquitectos nos ocurre cuando debemos firmar un proyecto en el extranjero y caemos en la cuenta de que nuestro título no sirve. La puerta a la firma es el proceso de homologación. Conseguirla conlleva superar ciertos requisitos a cambio de acceder a nuevos beneficios.

El próximo 15 de octubre se cumplirán seis meses del incendio de Notre Dame, que acabó con su cubierta medieval y su aguja decimonónica. Durante los días siguientes asistimos a un intenso debate entre arquitectos, expertos, y no tan expertos. Santiago de Molina aludía al carácter simbólico de Notre Dame y defendía el rol del arquitecto en los futuros proyectos de reconstrucción. El barroquista apostaba por intervenciones mínimas, prudentes, aludiendo a proyectos que reconstruyen sin reproducir y sin ocultar cicatrices. Pero claro, la calma y la sensatez no suelen abundar entre la agitación de los medios. José Ramón Hernández aludía a las propuestas disparatadas que invadieron las redes sociales, abofeteando con realismo y crudeza al ritmo de la “marsellesa”. Ben Sixsmith disparaba de frente contra esas propuestas bajo un discurso estilístico (flojo) y el lema “Keep the modernist away from Notre Dame”. Jaume Prat reaccionó reivindicando una vez más el rol de la arquitectura y los arquitectos en la futura reconstrucción.

El primer año de doctorado es un viaje de autodescubrimiento y exploración. Es un lugar lleno de animales silvestres que, como uno mismo, han llegado desde los senderos más inverosímiles. No todos están seguros de si hacer un doctorado merece la pena. Algunos llegan jóvenes, sin apoyos, y comienzan el doctorado sin saber bien cuando acaba. Otros llevan un tiempo luchando por su beca y, cuando la consiguen, pareciera que están mayores para la fiesta. Ya publicaron sus primeros artículos1 y han trabajado en las galeras de la academia, por lo que podría decirse que su doctorado empezó bastante antes de matricularse. Algunos son veteranos, profesores consagrados que buscan habilitarse para una carrera académica que llevan años ejerciendo. También están los arquitectos con oficina cuya tesis es un acto de vocación, que combinan con una rutina laboral de por sí inestable y exigente, y que difícilmente encajarán en los corsés de la academia. La mayoría de estos candidatos se han visto en la obligación de especializarse para seguir creciendo. Como estudiante de primer año, la parte más dura será ubicarse a uno mismo en medio de semejante laberinto de carreras y perfiles, para desde ahí desarrollar una propuesta de tesis al tiempo que se realizan los cursos de formación doctoral.

Esta es la frase que utiliza Mario Carpo 1 para describir el área de historia y teoría de la arquitectura como un espacio de resistencia, que se enfrentaba en los setenta a la deriva estilística de los grandes proyectos asociados a empresas y fortunas del mundo anglosajón. Aunque la situación persiste, hoy en día el área de historia está en retroceso en la mayor parte de las escuelas de arquitectura del mundo. Se acepta sin pestañear que las nuevas tecnologías desplacen a las materias que son vistas como “de apoyo” a “la labor del arquitecto” 2. El problema es aún más evidente en los grados norteamericanos de tres años, en los que los estudiantes apenas reciben uno o dos cursos de historia que comprimen un repaso desde la antigüedad hasta el siglo XX, nada menos 3.

Son ya varias las ocasiones en las que hemos escrito sobre videojuegos en este blog, pero pocas veces la conexión es tan evidente como en GRIS. Publicado en diciembre de 2018 por Nomada Studio, GRIS es un juego español de pequeña producción que ha generado gran expectación. El pasado 2 de febrero de 2019 resultó ganador del premio Annie a la mejor animación de personajes, superando a grandes producciones como God of War o Shadow of the Tom Raider. Según Eurogamer GRIS “habla sobre todo de belleza. De que la belleza es suficiente. De que es un fin en sí mismo”. Merece la pena preguntar: ¿hay arquitectura en esta belleza? ¿Qué elementos la rigen?

Cuando asistí al Festival ARQUIA Próxima mi interés se centró en el espacio reservado a proyectos de investigación y teoría. Habían sido agrupados en una única mesa, presentada con estas palabras: “La investigación ofrece una vía alternativa con la cual abordar temas más amplios a los puramente disciplinares, generando un conocimiento periférico a la arquitectura y apuntando en muchos casos nuevas vías que inspiran la práctica profesional”. La investigación aparece, así, como algo alternativo, secundario, con una misión romantizada y alejada de la disciplina. Su título era “Pensamiento Operativo”. Operativo más que un apellido pareciera una disculpa, una justificación de que si pensamos lo hacemos para aplicar rápidamente el conocimiento, o al menos para que lo apliquen los que se dedican a la arquitectura “de verdad”.

Los pasados 3, 4 y 5 de octubre se celebró en Granada la XII reunión Mundaneum 1,espacio de encuentro de arquitectos iberoamericanos que celebra el 20º aniversario desde su fundación. La red, con líderes como Álvaro Rojas (Costa Rica), Teddy Cruz (San Diego)3, Guillermo Honles (Los Ángeles) y Daniel Rubio (Tijuana), ha conectado a casi doscientos arquitectos durante sus doce encuentros.

En mi aún corta vida como profesor de arquitectura casi siempre me he encargado de materias de primer semestre. Es un espacio intenso en el que tengo el privilegio de observar cómo 20 universitarios recién llegados se transforman estudiantes de arquitectura en solo 4 meses. Entonces, cuando apenas comenzamos a conocernos y coger confianza, se me van y llegan otros 20. Siempre me dejan con las ganas de seguir acompañándolos, así que al final de semestre me gusta dedicarles una pequeña reflexión. Después de haber escrito a 5 cohortes distintas, hay algunas ideas que se han quedado sonando en el aire.

Hace ya más de mes y medio que Black Panther vio la luz en los cines estadounidenses, y desde entonces ha copado páginas físicas y digitales en medios de muy diversa índole. Ha llamado la atención su éxito en taquilla (más de 1.250 millones de dólares recaudados a nivel mundial) unido al hecho de ser una película mainstream de elenco casi por completo afrodescendiente, incluidos todos sus personajes principales, su diseñadora de producción Hannah Beachler y su director Ryan Coogler de apenas 31 años de edad. En las últimas semanas, Beachler se ha convertido en protagonista de artículos en webs como Wired, Dezeen o Architectural Digest gracias a su peculiar propuesta para la escenografía de Wakanda, un país ficticio ubicado en África Ecuatorial. Esta nación tiene la peculiaridad de ser un país ultra desarrollado a nivel tecnológico y aislado del resto del mundo, circunstancia a la que el diseño de Beachler responde con un paisaje utópico afro-futurista.


Septiembre de 2017 será un mes recordado por muchos arquitectos formados en la Universidad de Granada. Se trata de la última convocatoria de PFC de la ETSAG. La última oportunidad de terminar antes de ser enviado derechito a Bolonia.
En algunas ETSAs la fecha se cumplió hace tiempo. En otras, más conocidas, llegará pronto 1. En todas ellas el PFC cambiará, pasando de una prueba obligatoria dentro de la licenciatura a una nueva versión con grado de máster, exclusivo para los que elijan cursarlo tras terminar su grado en busca de la habilitación profesional. Los que conocimos al antiguo PFC quedaremos para contar historias en la barra del bar y las tardes de dominó.

A finales de la década pasada las escuelas de arquitectura españolas vivieron un momento de cambio interesante. El plan Bolonia llegaba a toda máquina, y con él un proceso de formalización de la investigación en arquitectura que levantó no pocas cejas. En eventos como el Seminario Internacional de Investigación en Arquitectura y Urbanismo de 2009 se hablaba de cómo se nos imponen fórmulas que hacen a la arquitectura “lejana y ausente”. Se defendía que la arquitectura reclama nuevos modos de conocimiento basados en la poesía, alejados de las metodologías de investigación más ortodoxas. Incluso se ha llegado a decir que los arquitectos no han necesitado de la investigación académica para desarrollar su profesión. Estas voces hablaban de una arquitectura española autónoma, hermética, mientras que fuera de la Península estos temas son agua pasada desde hace medio siglo.


Nuestra Identidad Digital está constituida por nuestra presencia en medios digitales. Como usuarios de la red dejamos una huella que se alimenta de nuestras interacciones con los demás, del contenido que producimos y del impacto que éste genera. En cierto modo, no es distinta de otras identidades públicas, por ejemplo, de la percepción que tenemos de cierta política, deportista o escritora. Tampoco se diferencia demasiado de la identidad que creamos y nos son creadas en otros círculos más íntimos: la vecina del cuarto, el viejo del segundo, la niña de la bicicleta rosa, tu suegra la de las croquetas.

Tu lectura es discreta, muda, sin rastro ni artificio.
Se desconoce tu origen, tu historia, pero estás ahí, oculto en la red.
Lector invisible, ¿qué haríamos sin ti? ¿Qué sería de nosotros, humildes contadores de historias, si viviéramos exclusivamente rodeados de opiniones, de críticas, de respuestas y de feedback?

Cada año, Forbes publica la lista “30 under 30”, en la cual se resaltan a los “jóvenes emprendedores, líderes creativos y estrellas más brillantes” del momento. Según MIT News, al menos 25 integrantes de la lista de 2016 son egresados de esta prestigiosa universidad. De ellos, más de cinco son asistentes graduados o post-doctorales con responsabilidades docentes. Ninguno es arquitecto.


Bienvenidos a LA PREGUNTA. Aunque desde MetaSpace llevamos un tiempo explorando el peso del diseño urbano y arquitectónico en los videojuegos, aún no tenemos muy claro cual sería el rol del arquitecto en su concepción 1. Que exista el espacio arquitectónico en un videojuego no quiere decir necesariamente que haya sido pensado por un arquitecto.


Hoy os propongo esta lista de máximas para todo arquitecto que desee salir del país para trabajar. Se trata de una serie de consejos más o menos compartidos entre algunos compañeros emigrados, que intentamos recordar cada día para no perder el rumbo más de la cuenta.