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O14 | Arquia - Centro de Documentación
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O14

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Descripción

O14 es un edificio residencial que ocupa la parcela de un antiguo inmueble industrial; un resto urbano, obsoleto, encajado en una trama consolidada, que durante años permaneció al margen de los grandes ciclos inmobiliarios. El espacio preexistente, construido en 1933, consistía en una fachada de grandes machones de ladrillo con una composición característica de la arquitectura industrial de la época. A diferencia de las construcciones del norte de Europa, en las que es común encontrar complejos edificados íntegramente con muros de varios pies de ladrillo, en este caso únicamente la fachada presentaba ese lenguaje material, ocultando una nave interior precaria, realizada en chapa y ladrillo tosco.

Las fachadas de los edificios industriales madrileños de esta etapa actuaban como máscaras: ocultaban construcciones interiores modestas tras envolventes de mayor solidez material y constructiva. En cierto modo se trataba de una arquitectura superpuesta, en la que coexisten una dimensión aparente y otra funcional. Esta condición, la fachada como “cara” urbana, capaz de sugerir más de lo que realmente hay detrás, conecta con una tradición amplia de falsos frentes construidos para ajustar proporciones, intensificar presencia o proyectar un volumen más monumental que el estrictamente necesario.

O14 retoma esta tipología enmascarada y enfatiza la distinción entre fachada y edificio. El proyecto consistió en demoler la estructura interior, en riesgo de colapso, y conservar la fachada principal. No obstante, el deterioro de esta última obligó a su demolición parcial por razones de seguridad. Ante esta situación, se descartó una reconstrucción literal: reproducir exactamente lo perdido habría generado una réplica sin poso, cuando el valor de la fachada residía en su condición de rastro. En su lugar se optó por recomponer una nueva fachada a partir de las líneas, proporciones y señales de la original, manteniendo la lógica de “falso frente” propia del emplazamiento: una envolvente que, más que describir el edificio, lo antecede y lo distorsiona.

Con el objetivo de reforzar la idea de enmascaramiento, se revistió la cara exterior de la fachada con una cerámica de medio caño lacada en rosa. Este revestimiento, actúa casi como un maquillaje, enfatizando su imagen pública. En contraste, sólo esa cara exterior aparece terminada: el espesor y la cara posterior, habitualmente ocultos, quedan expuestos en su materialidad cruda. Asimismo, la distribución de los forjados del nuevo edificio no responde a la lógica compositiva de la fachada, sino a las necesidades funcionales de las viviendas que aloja el nuevo edificio, generando un descuadre respecto a los huecos de la envolvente. Estas disonancias evidencian la coexistencia de dos construcciones superpuestas y divergentes: la máscara urbana por un lado y la estructura doméstica por otro.

Volumétricamente el edificio parte del máximo contorno permitido por normativa, pero reorganiza sus alturas para introducir una jerarquía espacial interna. En lugar de apilar plantas equivalentes, se compactan las superiores para liberar en planta baja un espacio común para residentes. Por otra parte, se expanden los ámbitos más públicos de las viviendas (salón y cocina), mientras se comprimen más los espacios más privados (dormitorios y baños), mediante a un sistema de entreplantas. La fachada de ladrillo se despliega así frente a los grandes ventanales de las viviendas, dispuestas en una sección dividida en dos partes. En la zona delantera, destinada a los espacios más públicos, se alcanza una altura libre cercana a 4 metros, siempre intercalada con el falso frente exterior que filtra luz y vistas. En la zona posterior, donde se ubican dormitorios y baños, se emplea un sistema de entreplantas para compactar y optimizar el espacio. Estos cambios de altura generan entreplantas conectadas por escaleras interiores que permanecen expuestas, haciendo explícitos estos cambios espaciales.

La fachada trasera refleja esta organización con una composición de huecos más propia de la tipología de edificación residencial. En esta cara interior se deja el ladrillo visto, salvo en los cargaderos de las ventanas, que se revisten con la misma cerámica utilizada en la fachada principal. Estos huecos se rematan con marcos metálicos lacados en el mismo tono que la cerámica, integrando contraventanas correderas para oscurecer los interiores, así como barandillas que protegen los encuentros con los vanos.
Finalmente, la estructura del edificio retoma el carácter industrial del emplazamiento mediante forjados acanalados de hormigón visto, prolongados hacia la fachada posterior, donde permanecen expuestos. Este sistema abovedado que atraviesa el edificio, culmina en la planta ático con una bóveda de cañón sobre el salón de la vivienda superior.

Autoría y colaboradores

Autor

Jorge Sobejano Nieto

Colaboradores

Teresa Martínez Pagés
Matías Rico
Amanda Bouzada
Natalia Molina
Jesús Meseguer
Marina Van Der Linden
Guillermo Hernández
García de los Muros
Arquilum

Project Manager

Jose Juan Sopena

Arquitectos técnicos

Dirtec

Fotografía

Maru Serrano

Información

Dirección

Tetuán, Madrid

Fecha de inicio

2024-06-01

Fecha de fin

2025-09-01

Superficie construida

600

Coste por metro cuadrado

1800

Tipo de uso

Edificación

Sección

Próxima

X Edición 2024-2025
2026
Proyecto finalista Brick Awards 2026 (pendiente resolución de ganadores).

PLANOS

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El espacio se concibe como un paisaje artificial, casi una maqueta grande, que recuerda a ciertos juegos infantiles, en los que grandes cajas u otras piezas sobredimensionadas componen una pequeña ciudad. Una urbanidad estrecha, densa y ligeramente laberíntica.
La organización en planta parte de una distribución estándar de mercado, conformando pasos lineales y puestos alineados a ambos lados. A partir de esa lógica, estas bandas iniciales se fragmentan en piezas independientes, separadas entre sí, para posteriormente perder el órden reticular provocando una cierta sensación laberíntica. Por otra parte se introducen variaciones de tamaño y forma que generan pequeñas diferencias dentro de un conjunto homogéneo. Un equilibrio entre repetición y desviación. El perímetro del local concentra el programa de soporte: salas técnicas, aseos y oficinas de gestión, de modo que el interior quede liberado esa “ciudad interior”. El proyecto separa así lo infraestructural de lo urbano, permitiendo que el espacio central funcione como una pieza autónoma dentro de una envolvente operativa. Volumétricamente, cada pieza adopta la apariencia de un pequeño edificio. Un sencillo patrón, basado en una trama que recuerda a huecos de fachada, sugiere la imagen de un edificio de varias plantas reducido a escala reducida. El conjunto se lee como un tejido de construcciones próximas entre sí: una acumulación de volúmenes que conforman calles estrechas y perspectivas entrecortadas, reforzando la condición de interior urbano.
Buscando intensificar la sensación de estar en un espacio exterior, se introduce un elemento adicional: el toldo de medio punto. Este elemento está profundamente ligado a la imagen urbana del sur de Europa y, de manera muy específica a las calles de Madrid. En lugar de simular la luz solar, se recurre a una referencia retórica a un sol ausente: el toldo opera como protección de un clima que no existe y sin embargo queda referenciado. Al nivel compositivo, el toldo actúa como cierre de cada puesto, construyendo una fachada blanda y efímera que puede aparecer o desaparecer, haciendo que los volúmenes sean más o menos presentes según su estado.
Los toldos suelen arrastrar códigos cromáticos locales; en Madrid, por ejemplo, es común encontrar toldos verdes repetidos a lo largo de una calle. Aquí, cada volumen adopta un color distinto. El gradiente resultante funciona como cartografía interior para el visitante: atravesar el espectro guía el recorrido a lo largo del espacio; orienta sin necesidad de señalética y aporta una lectura continua del conjunto a través de una variación delimitada.

Con los toldos cerrados, cada puesto se comporta como un farolillo, tiñendo la luz con su color identificativo. Cuando el textil se desliza y se abre por completo, el volumen se desmaterializa: la estructura de soporte queda expuesta y el sistema revela su condición temporal, reversible y técnica. Esta alternancia entre presencia y desaparición introduce una dimensión dinámica al espacio,referenciando ritmos urbanos, cotidianos, de apertura y cierre.
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Con el objetivo de generar espacios identitarios para Amasa, obrador de masa madre, se planteó una estrategia de intervención sobre espacios existentes que ofreciera suficiente flexibilidad para adaptarse a distintas situaciones, creando al mismo tiempo ambientes reconocibles e identificables con la marca sin necesidad de replicarse formalmente. Se propone así un proceso homotético, más que una repetición literal.

La estrategia se articula en dos acciones fundamentales: fondo y figura.
El fondo define el contenedor sobre el que se actúa. La intención es conservar, en la medida de lo posible, el estado original de los espacios preexistentes, ya sea por su valor arquitectónico —como en el caso de Amasa Santa Isabel— o como respuesta a la dinámica constante de demolición y reconstrucción que impone la renovación comercial de muchas ciudades. En este sentido, el procedimiento consiste en mantener las envolventes exteriores prácticamente inalteradas, permitiendo el paso de las nuevas instalaciones vistas sobre muros o tabiques. A continuación, una gran cortina textil envuelve el nuevo espacio, ocultando tras de sí el fondo original. De este modo, si en algún momento el local debe abandonarse, la intervención sobre el espacio existente habrá sido mínima. Se trata, por tanto, de un revestimiento blando, efímero y reversible, que permite modificar el espacio con el tiempo sin necesidad de obras. Este gesto, además, unifica el fondo y destaca por contraste las figuras que se recortan sobre él.

La figura es un objeto ajeno al espacio. Un conjunto de elementos de apoyo desarrollado a partir de bases estandarizadas, formadas por piezas normalizadas unidas entre sí para conformar estructuras tubulares de acero inoxidable. Las uniones se señalan mediante protectores de ferralla —conocidos en obra como "setas"—, empleados habitualmente por razones de seguridad. Son estas "setas" las que dan nombre al set.
Cada base se compone por agregación de estos elementos tubulares, coronados por encimeras de formas y materiales variables, seleccionados en función de su uso específico: expositores, mesas auxiliares, puntos de cobro, etc. Los materiales empleados para estas superficies incluyen maderas, piedras o metales lacados, elegidos para realzar los distintos productos dispuestos sobre ellas.

Estos elementos se distribuyen libremente en el espacio que ocupan, favoreciendo un tránsito fluido y continuo. Su disposición busca desjerarquizar la relación entre cliente, personal y producto, dando lugar a un entorno de funciones atomizadas.

En el caso concreto de Amasa Santa Isabel, la intervención se centró en la recuperación de los escaparates originales del local, así como en la conservación del color azul característico de esta esquina madrileña. También se rehabilitó el pavimento de madera existente antes de introducir los fondos textiles y las piezas de mobiliario.

Set-A busca así generar una familia de espacios conectados por una lógica común, sin necesidad de ser idénticos. Una forma blanda de intervenir en distintos locales comerciales de la ciudad.

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Parte de los diseños que nos rodean se interpretan como inexistentes, ya que se inscriben en elementos funcionales como herramientas, señales o maquinaria. Se asume que las decisiones formales, cromáticas y compositivas responden a pautas marcadas por la más estricta funcionalidad, aunque existen claras pautas estéticas. Forman algo así como una estética de lo funcional, que sin embargo tiene patrones muy marcados: colores planos y elementales; rasgos ergonómicos o una tendencia a la abstracción en su forma, que hace difícil reconocer su escala cuando están fuera de contexto. Normal Furniture toma patrones de color y forma propios de estos elementos. La serie se compone de un perchero, un toallero, una mesa y una estantería, que se complementan con diferentes materiales que configuran las superficies de apoyo de los elementos que lo requieren.