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SET-A | Arquia - Centro de Documentación
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SET-A

BURR

IMÁGENES

Descripción

Con el objetivo de generar espacios identitarios para Amasa, obrador de masa madre, se planteó una estrategia de intervención sobre espacios existentes que ofreciera suficiente flexibilidad para adaptarse a distintas situaciones, creando al mismo tiempo ambientes reconocibles e identificables con la marca sin necesidad de replicarse formalmente. Se propone así un proceso homotético, más que una repetición literal.

La estrategia se articula en dos acciones fundamentales: fondo y figura.
El fondo define el contenedor sobre el que se actúa. La intención es conservar, en la medida de lo posible, el estado original de los espacios preexistentes, ya sea por su valor arquitectónico —como en el caso de Amasa Santa Isabel— o como respuesta a la dinámica constante de demolición y reconstrucción que impone la renovación comercial de muchas ciudades. En este sentido, el procedimiento consiste en mantener las envolventes exteriores prácticamente inalteradas, permitiendo el paso de las nuevas instalaciones vistas sobre muros o tabiques. A continuación, una gran cortina textil envuelve el nuevo espacio, ocultando tras de sí el fondo original. De este modo, si en algún momento el local debe abandonarse, la intervención sobre el espacio existente habrá sido mínima. Se trata, por tanto, de un revestimiento blando, efímero y reversible, que permite modificar el espacio con el tiempo sin necesidad de obras. Este gesto, además, unifica el fondo y destaca por contraste las figuras que se recortan sobre él.

La figura es un objeto ajeno al espacio. Un conjunto de elementos de apoyo desarrollado a partir de bases estandarizadas, formadas por piezas normalizadas unidas entre sí para conformar estructuras tubulares de acero inoxidable. Las uniones se señalan mediante protectores de ferralla —conocidos en obra como "setas"—, empleados habitualmente por razones de seguridad. Son estas "setas" las que dan nombre al set.
Cada base se compone por agregación de estos elementos tubulares, coronados por encimeras de formas y materiales variables, seleccionados en función de su uso específico: expositores, mesas auxiliares, puntos de cobro, etc. Los materiales empleados para estas superficies incluyen maderas, piedras o metales lacados, elegidos para realzar los distintos productos dispuestos sobre ellas.

Estos elementos se distribuyen libremente en el espacio que ocupan, favoreciendo un tránsito fluido y continuo. Su disposición busca desjerarquizar la relación entre cliente, personal y producto, dando lugar a un entorno de funciones atomizadas.

En el caso concreto de Amasa Santa Isabel, la intervención se centró en la recuperación de los escaparates originales del local, así como en la conservación del color azul característico de esta esquina madrileña. También se rehabilitó el pavimento de madera existente antes de introducir los fondos textiles y las piezas de mobiliario.

Set-A busca así generar una familia de espacios conectados por una lógica común, sin necesidad de ser idénticos. Una forma blanda de intervenir en distintos locales comerciales de la ciudad.

Autoría y colaboradores

Autor

Jorge Sobejano Nieto

Colaboradores

Elena Fuertes
Ramón Martínez
Amanda Bouzada
Natalia Molina
Marina Van Der Linden
Guillermo Hernández

Constructor

V15

Fotografía

Maru Serrano

Información

Dirección

calle Santa Isabel, 7, ESPAÑA

Fecha de inicio

2025-01-01

Fecha de fin

2026-03-30

Superficie construida

120

Coste por metro cuadrado

1200

Geolocalización

48.000000000000000,48.000000000000000

Tipo de uso

Reforma

Sección

Próxima

X Edición 2024-2025
2026

PLANOS

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La exposición Doce fábulas urbanas, basada en el texto Twelve cautionary tales for christmas escrito por Superstudio en el año 1971, busca ser "una herramienta que nos ayude a repensar cuál es nuestro papel en la construcción de la ciudad", en palabras de Ethel Baraona, comisaria de la exposición. A partir de doce intervenciones que ponen el foco sobre distintos aspectos de la sociedad y su relación con el entorno urbano, Doce fábulas urbanas revisa utopías y distopías en relación a la ciudad futura.

La estrategia expositiva recoge la idea primigenia de ciudad como límite: el marco físico y normativo en el que se crea ciudadanía. La propuesta delimita un espacio dentro del espacio expositivo de Matadero Madrid en el que se concentran las intervenciones. En consecuencia, aparece un gran espacio intermedio que no llega a constituir exterior, pero tampoco interior: un umbral extendido que rodea la exposición. Un espacio de tránsito, en penumbra, que permite al visitante evaluar la muestra desde fuera y buscar vías alternativas para iniciar el trayecto propuesto. Una escalera guía al visitante desde este umbral hasta una plataforma que se eleva por encima del muro, desde la que poder evaluar el conjunto expositivo tomando un punto de vista distante.

El interior del recinto se estructura mediante una retícula ortogonal interrumpida por el límite propuesto. Un tablero que otorga una casilla a cada una de las intervenciones y restringe el movimiento del visitante marcando distintas opciones para recorrer la exposición. Estas divisiones toman forma de malla tridimensional que se conforma como estructura de apoyo para cada una de las piezas, así como para la gráfica de la exposición, compuesta por estandartes, banderolas y textiles de gran tamaño. La materialidad también busca provocar una experiencia urbana, tomando como referencia los cerramientos metálicos temporales con los que habitualmente se delimitan las obras civiles en la vía pública, formando superficies continuas que en algunos casos se extienden a lo largo de varios kilómetros.

Doce fábulas urbanas construye una idea de ciudad a partir de diferentes proyecciones de futuro, invitando al visitante a crear su propia narrativa.

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El espacio se concibe como un paisaje artificial, casi una maqueta grande, que recuerda a ciertos juegos infantiles, en los que grandes cajas u otras piezas sobredimensionadas componen una pequeña ciudad. Una urbanidad estrecha, densa y ligeramente laberíntica.
La organización en planta parte de una distribución estándar de mercado, conformando pasos lineales y puestos alineados a ambos lados. A partir de esa lógica, estas bandas iniciales se fragmentan en piezas independientes, separadas entre sí, para posteriormente perder el órden reticular provocando una cierta sensación laberíntica. Por otra parte se introducen variaciones de tamaño y forma que generan pequeñas diferencias dentro de un conjunto homogéneo. Un equilibrio entre repetición y desviación. El perímetro del local concentra el programa de soporte: salas técnicas, aseos y oficinas de gestión, de modo que el interior quede liberado esa “ciudad interior”. El proyecto separa así lo infraestructural de lo urbano, permitiendo que el espacio central funcione como una pieza autónoma dentro de una envolvente operativa. Volumétricamente, cada pieza adopta la apariencia de un pequeño edificio. Un sencillo patrón, basado en una trama que recuerda a huecos de fachada, sugiere la imagen de un edificio de varias plantas reducido a escala reducida. El conjunto se lee como un tejido de construcciones próximas entre sí: una acumulación de volúmenes que conforman calles estrechas y perspectivas entrecortadas, reforzando la condición de interior urbano.
Buscando intensificar la sensación de estar en un espacio exterior, se introduce un elemento adicional: el toldo de medio punto. Este elemento está profundamente ligado a la imagen urbana del sur de Europa y, de manera muy específica a las calles de Madrid. En lugar de simular la luz solar, se recurre a una referencia retórica a un sol ausente: el toldo opera como protección de un clima que no existe y sin embargo queda referenciado. Al nivel compositivo, el toldo actúa como cierre de cada puesto, construyendo una fachada blanda y efímera que puede aparecer o desaparecer, haciendo que los volúmenes sean más o menos presentes según su estado.
Los toldos suelen arrastrar códigos cromáticos locales; en Madrid, por ejemplo, es común encontrar toldos verdes repetidos a lo largo de una calle. Aquí, cada volumen adopta un color distinto. El gradiente resultante funciona como cartografía interior para el visitante: atravesar el espectro guía el recorrido a lo largo del espacio; orienta sin necesidad de señalética y aporta una lectura continua del conjunto a través de una variación delimitada.

Con los toldos cerrados, cada puesto se comporta como un farolillo, tiñendo la luz con su color identificativo. Cuando el textil se desliza y se abre por completo, el volumen se desmaterializa: la estructura de soporte queda expuesta y el sistema revela su condición temporal, reversible y técnica. Esta alternancia entre presencia y desaparición introduce una dimensión dinámica al espacio,referenciando ritmos urbanos, cotidianos, de apertura y cierre.
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CDV

CDV es un edificio residencial que ocupa una pequeña parcela del barrio de Prosperidad de la ciudad de Madrid. La parcela cuenta con un fondo menor de 10 metros, lo que no le permite tener una fachada posterior que se abra a un patio de manzana propio.

El edificio trata entonces de encajarse dentro de una parcela mínima a través de un juego volumétrico tridimensional que intenta conseguir unas viviendas de máxima calidad espacial, amplitud, confort climático, ventilación cruzada y con unas vistas a un paisaje natural que no le correspondería.

Cada vivienda se desarrolla en varias medias alturas permitiendo separar las estancias públicas de las privadas a través de estos cambios de altura. No existe una vivienda tipo pues todas las viviendas para conseguir la máxima calidad espacial se encajan como si se tratara de un rompecabezas tridimensional unas sobre otras.

Dentro de cada vivienda, las estancias públicas de mayor altura dan a una fachada exterior mientras que las privadas se abren a un falso paisaje exterior, una cámara bioclimática que funciona como una chimenea de ventilación vertical en todo el edificio. Esta cámara bioclimática se consigue al retranquear un metro la fachada trasera respecto al límite posterior de la parcela, dejando una cámara vertical, un hueco que permite crear un doble fondo, un nuevo paisaje que genera unas vistas naturales, y un hueco de ventilación tanto vertical como cruzada en cada vivienda. En este doble fondo, se sitúan unas plataformas porosas ligeras de trámex que permite el paso del aire en vertical y la colocación de especies vegetales.

La normativa urbanística exige consolidar todos los límites de la parcela, por lo que para la fachada posterior se propone un sistema de paneles de chapa microperforada que permite el paso natural del aire. El edificio se separa de esta fachada posterior dejando un hueco de ventilación donde aparece el nuevo paisaje natural. Esta fachada posterior, modular y neutra, funciona como un fondo blanco que pasa desapercibido para los edificios colindantes al mismo tiempo que oculta la complejidad interior del edificio.

En contraposición, la fachada principal asume un papel explícito de representación. Además de abrirse casi por completo a la calle, solo aparecen como materiales opacos y masivos cantos de forjados y muros divisorios de viviendas, construye una identidad diferencial mediante una gran cortina exterior que cubre la totalidad del edificio como un telón habitable. Sobre ese plano textil se inscribe una forma abstracta, carente de simbología literal, compuesta por fragmentos asociados a cada vivienda. En conjunto, la cortina produce un emblema compartido: una imagen común para los habitantes y un dispositivo mutable para la ciudad, capaz de recomponerse con el uso, como si la vida doméstica operase directamente sobre la fachada.

El edificio residencial CDV habita un residuo urbano mínimo como si de un rompecabezas se tratara, creando viviendas independientes en su tipología y dependientes en su conjunto. Un conjunto que tiene en cuenta tanto el confort de sus propios habitantes como la creación de una ciudad dinámica y compleja. Un paisaje natural inventado construye una cámara bioclimática que mejora la habitabilidad de las viviendas, y una gran fachada textil sitúa y refleja la vida doméstica cambiante y flexible.