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MDJ

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Fotografías Maru Serrano

Descripción

Entre curva y corte se construye un espacio de trabajo que no se limita a ordenar funciones, sino que ensaya una manera de habitar lo cotidiano. La sede se despliega en dos niveles longitudinales que comparten una misma huella y una misma lógica con distintas aproximaciones. Cada planta introduce un gesto preciso, casi primario, que organiza el espacio y le da sentido.

En la planta baja, una curva recoge. Un trazo continuo que abraza el corazón de la oficina, reúne miradas y concentra actividad. No impone límites, los sugiere. La curva articula un ámbito central que funciona como lugar de encuentro, un interior que quiere ser plaza, mientras a su alrededor se disponen espacios interiores de ese exterior, espacios menores en recorridos fluidos y relaciones transversales. Entre medias, el alzado de la plaza, una fachada con perforaciones puntuales regulan accesos y visuales, construyendo una arquitectura más basada en relaciones que en límites.

En la planta superior, el gesto se tensa. Un corte diagonal atraviesa el espacio y lo ordena desde la diferencia. Aquí, el trazo separa, delimita y define un interior dentro de él y un exterior fuera. Dentro, los espacios de concentración y trabajo individual. Fuera, un espacio sin programa capaz de absorber cambios, superponer usos y adaptarse a distintas intensidades de trabajo. El corte no fragmenta, sino que introduce una tensión productiva entre continuidad y barrera, entre proximidad y distancia.

Curva y corte se materializan a través de muros de pavés: densos y translúcidos a la vez. Pedirle a la materia que confirme una idea previa, la geometría. Elementos que filtran la luz, insinúan presencias y permiten que el espacio se perciba como un todo continuo en su separación, y otros materiales reconocibles. Granito, alicatado negro, metales y una paleta contenida de rojos y azules no aparecen como signos, sino como condiciones. La identidad del lugar se construye desde la materia. Materiales que no se representan: operan. La materia deja de ser acabado para convertirse en estructura ambiental, en memoria activa que sostiene el espacio y lo vincula a una historia sin necesidad de nombrarla.

Entre la curva que acoge y el corte que ordena, el espacio encuentra su equilibrio. Un lugar de trabajo que no solo responde a una organización eficiente, sino que propone una experiencia compartida, atenta a la luz, al movimiento y a la materia como portadora de identidad.

Autoría y colaboradores

Autor

Jorge Pizarro Montalvillo
Marta Badiola Ramos

Información

Dirección

ESPAÑA

Fecha de inicio

2025-04-15

Fecha de fin

2025-09-01

Superficie construida

400

Coste por metro cuadrado

1000

Geolocalización

48.000000000000000,48.000000000000000

Tipo de uso

Reforma

Sección

Próxima

X Edición 2024-2025
2026

Documentación Gráfica

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Reformar no es sólo corregir. Es descubrir, desarmar certezas y proponer otras formas de habitar.

La casa ya no se defiende del exterior. Una vista se abre donde antes había un muro ciego. La casa se despliega en todas direcciones, se conecta con la ciudad, con la luz. El horizonte, antes fragmentado, ahora se recorta en grandes paños abiertos.

En planta, una diagonal irrumpe en la estructura original, un reflejo de una estructura existente. Desvía recorridos, desplaza ejes, rompe la rigidez de la ortogonalidad heredada. Lo que eran límites ahora son transiciones.

Reformular la casa es repensar su equilibrio programático. No se trata de abrirlo todo sin medida. Diseñar no solo el objeto, sino también el vacío: las relaciones, las circulaciones, los estrechamientos y dilataciones. Planos que se desplazan, puertas que no son barreras, sino umbrales. Espacios que cambian según el momento, que se diluyen, desbordan o comprimen. Espacios líquidos en su estado más fluido. La personalidad de la casa acompañando los estados de ánimo de las personas que la habitan. Momentos de expansión que preceden a otros de recogimiento.

Pedirle a la materia que confirme una idea es proyectar sobre la materia. Cuando el proyecto antecede a la materia con la que acaba por construirse. Definir primero una idea y después el material con el que formalizarla. La materia como medio. La materia ejecutando. Podría ser esto, o lo otro. Y entonces aparece la madera como solución adecuada. Madera como abstracción, como textura en plano geométrico, como todo lo contrario a lo que es en su estado natural. Tecnología aplicada. Tan parecida al acero inoxidable.

Y luego viene el color, y los colores, que singularizan, delimitan donde no hay límites, señalan, y se hacen oír. Más color.

El riesgo calculado está en cada gesto. Respetar lo que la casa era sin miedo a transformarla. Desafiar la lógica constructiva sin traicionar su esencia. Nuevos objetos y materialidades que conviven con la preexistencia. Mantener la memoria para permitir un futuro.

Reformar no es sólo corregir. Es descubrir, desarmar certezas y proponer otras formas de habitar.

La casa ya no se defiende del exterior. Una vista se abre donde antes había un muro ciego. La casa se despliega en todas direcciones, se conecta con la ciudad, con la luz. El horizonte, antes fragmentado, ahora se recorta en grandes paños abiertos.

En planta, una diagonal irrumpe en la estructura original, un reflejo de una estructura existente. Desvía recorridos, desplaza ejes, rompe la rigidez de la ortogonalidad heredada. Lo que eran límites ahora son transiciones.

Reformular la casa es repensar su equilibrio programático. No se trata de abrirlo todo sin medida. Diseñar no solo el objeto, sino también el vacío: las relaciones, las circulaciones, los estrechamientos y dilataciones. Planos que se desplazan, puertas que no son barreras, sino umbrales. Espacios que cambian según el momento, que se diluyen, desbordan o comprimen. Espacios líquidos en su estado más fluido. La personalidad de la casa acompañando los estados de ánimo de las personas que la habitan. Momentos de expansión que preceden a otros de recogimiento.

Pedirle a la materia que confirme una idea es proyectar sobre la materia. Cuando el proyecto antecede a la materia con la que acaba por construirse. Definir primero una idea y después el material con el que formalizarla. La materia como medio. La materia ejecutando. Podría ser esto, o lo otro. Y entonces aparece la madera como solución adecuada. Madera como abstracción, como textura en plano geométrico, como todo lo contrario a lo que es en su estado natural. Tecnología aplicada. Tan parecida al acero inoxidable.

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4 ESTACIONES
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B34
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B34

B34 se concibe como un contenedor abierto. Una cierta holgura, el espacio suficiente para que algo pase, quepa o se mueva dentro. Un lugar disponible. 170 m² de superficie cubierta y 30 m² de patio exterior conforman una estructura capaz de alojar distintos usos y programas a lo largo del tiempo; flexible, adaptable, no especializada. Un soporte más que una forma cerrada.

Desde la arquitectura, el proyecto es claro y directo: recuperar, abrir y condensar. Tres operaciones precisas que organizan tanto la intervención material como la lógica espacial.

Recuperar una estructura existente dañada y envejecida supone asumir la preexistencia como punto de partida, no como obstáculo. La intervención no borra su pasado, sino que lo hace visible: consolida, refuerza y expone. Las técnicas constructivas y los materiales originales, hormigones, fábricas, pinturas, se mantienen y se muestran sin artificio. La arquitectura actúa aquí como mediadora entre lo que ya existe y lo que puede llegar a ser.

Abrir el espacio a la luz y al clima transforma radicalmente la experiencia de un interior que se vuelve exterior. Un lugar antes sombrío, compartimentado y cargado ahora luminoso, fluido y ventilado. La construcción de un vacío se convierte en pulmón del espacio. A través de un gran ventanal en esquina, este espacio es extensión del movimiento interior y establece una relación directa con una naturaleza próxima y cambiante que introduce los tiempos climático y meteorológico en el de la arquitectura.

Condensar los espacios servidores en un único volumen compacto, un único espacio programado que libera el resto de la planta. Este núcleo, estrecho y largo, organiza las instalaciones, los almacenamientos y los usos secundarios, permitiendo que el espacio principal permanezca continuo, abierto e indefinido. Su piel es la del revestimiento: piezas cerámicas abombadas introducen una escala de lo táctil cercana al cuerpo.

El resultado es un lugar esencial, donde la arquitectura no impone un uso, sino que acompaña. Un espacio que respira y muta con el uso. B34 no aspira a ser un objeto acabado, sino un soporte disponible: un marco abierto para que las cosas sucedan.